​La ciudadanía frente a los caprichos del Rey Bolardo

Funcionarios de la Autoridad del Espacio Público escuchan las quejas de vecinos de la Colonia Del Valle

*Fallas en la planeación de obras afectan a vecinos de la Del Valle

*Urge reparar fallas en la guardería del CENDI de Avenida Coyoacán

*¿El funcionario responsable debe renunciar?

Por Regina Santiago Núñez

Debo confesar que yo desconocía el significado de la palabra “bolardo” hasta que una de mis vecinas de la colonia Del Valle me explicó que se trata de esos postes de metal que han proliferado en diversos sectores de la Ciudad de México. Los bolardos son los juguetes preferidos de un funcionario del gobierno capitalino de nombre Roberto Remes, a quien en algún momento se le conoció como Rey Peatón. Remes es un antiguo activista que se hizo famoso como promotor de los derechos de los peatones, pero cuando se convirtió en funcionario del gobierno de Miguel Ángel Mancera sacó el talante autoritario y hoy es cuestionado  por numerosas organizaciones ciudadanas por la manera en que maneja su feudo de Autoridad del Espacio Público.  Numerosas son las notas periodísticas y los tuits y posts al respecto.

A Remes se le ha denunciado en espacios periodísticos tradicionales y redes sociales, pero suele defenderse diciendo que quienes lo critican es sólo porque tienen demasiado apego a sus automóviles. Esa es la forma que el funcionario ha encontrado para tratar de aislarse de la realidad.

Esa manía suya de querer imponer el “imperio del bolardo” ha llamado ya la atención de algunos comentaristas como Rafael Pérez Gay, quien advirtió en un texto publicado el 15 de marzo de este año en Milenio que la ciudad se transforma de manera caótica con la proliferación de esos postes que alteran la vida sin que nadie se tome el trabajo de explicar para qué deberían servir.  Estoy de acuerdo con Pérez Gay. Lo que yo he podido investigar es que el funcionario suele manejarse con base a “ocurrencias” y caprichos que llevan a errores de planeación e implementación de obras que luego deben pagarse con los impuestos de todos los habitantes de la capital. Es por eso que me parece necesaria su renuncia como funcionario público. Remes debe dejar el puesto que ejerce de manera autoritaria antes de que siga haciendo más daño a la ciudad con sus caprichos obsesivos y sus desplantes. Pero vayamos por partes.

El lunes 3 de abril de 2017 apareció en el chat de las organizaciones que formamos parte de la Red de Observación Electoral un mensaje de la Fundación MOCE. Iformaba que esa tarde habría una reunión en el Mercado Lázaro Cárdenas (Avenida Coyoacán y Romero de Terreros). Locatarios y vecinos plantearían nuevamente a autoridades del gobierno de la CdMx su inconformidad con la manera en que se afectó el espacio público de uno de los costados del mercado.  Un buen día, a principios de noviembre de 2016 comenzaron los trabajos de remodelación que se anunció terminarían el 15 de diciembre de ese mismo año. Se trataba de ampliar las banquetas y reducir los carriles de circulación de los automóviles sobre Avenida Coyoacán.

A nadie se consultó.  Llegaron a trabajar y a amenazar. Cualquier protesta sería reprimida por granaderos.  Algunos locatarios aceparon la imposición y aún ahora voltean la mirada y no quieren hablar del asunto cuando se les pregunta. Pero otros buscaron apoyo de las organizaciones de vecinos y de los clientes tradicionales del mercado. Fue así como se involucraron diversas organizaciones. Fue así como me involucré yo. Sobra decir que los trabajos no concluyeron en diciembre como se habían comprometido las autoridades (y como bien lo advertía el reportaje de Joaquín López Dóriga del 5 de diciembre de 2016). De hecho, los trabajos aún no concluyen. El tiempo para los funcionarios del gobierno de la CdMx es un concepto chicloso, sobre todo el tiempo de los otros, de aquellos a quienes ven como adversarios o enemigos de sus designios.

Sobra también decir que la reunión de este lunes 3 de abril de 2016 no comenzó a las seis de la tarde. Los funcionarios no llegaban. Roberto Remes jamás llegaría. Mientras esperaba mis ojos recorrían los puestos de ese mercado que mi madre me enseñó a amar. Resonaban en mi interior sus palabras diciéndome que nunca sería lo mismo comprar en los fríos estantes de un supermercado que conversar con las marchantas y los marchantes que traen las tortillas hechas a mano, las flores, los productos oaxaqueños, las manitas de cerdo, la ensalada de nopales y los dulces típicos.  Luego recordaba las palabras de esas personas que habían perdido sus inversiones de diciembre pasado por la decisión autoritaria de Remes, quien ordenó realizar los trabajos de remodelación de la banqueta de Avenida Coyoacán en noviembre y no cumplió el compromiso de terminarlos el 15 de diciembre, cuando los comerciantes apuestan todo a las ventas navideñas. ¿Por qué no remodelar en enero, febrero, marzo o el resto de los meses del año? Porque el señor Remes no sabe de planeación. ¿Por qué no reunirse con los ciudadanos para escuchar sugerencias? Porque el señor Remes dice que quienes no aceptan sus dictados es sólo porque tienen demasiado apego al automóvil. ¿Por qué no cumplir el compromiso de terminar las obras a tiempo para no afectar las ventas navideñas? Porque el señor Remes no sabe cumplir compromisos y no acostumbra rendir cuentas.

Cuando llegaron los empleados de la Autoridad del Espacio Público me coloqué frente a ellos para que nada estorbara mi visión. Observé sus rostros cuando comenzaron a brotar las palabras de los locatarios y los vecinos; cuando relataron las afectaciones a su patrimonio y a su lugar de trabajo; cuando hablaron de las negociaciones fallidas, de las promesas incumplidas; cuando expresaron su frustración y su enojo. Quise ver en aquellos rostros de los enviados de Roberto Remes algún guiño cómplice, algún asomo de comprensión.

Esperé a que todo mundo hablara y luego me presenté. Soy Regina Santiago Núñez –les dije—y soy presidenta de una organización ciudadana, el observatorio de medios OMCIM. Dudo que alguien supiera que un observatorio de medios se dedica a sugerir formas de mejorar la comunicación pública; tampoco era ese el lugar ni el momento para explicarlo.

Así que lo único que dije fue que mi organización forma parte de la red de observación del IEDF y que ese es un espacio que se dedica a promover la cultura cívica y que yo en lo personal creo y defiendo la democracia participativa.

Me dirigí a los representantes de Remes y les pedí que le transmitieran un mensaje: Una persona que no sabe tomar decisiones de acuerdo con un pensamiento estratégico es una persona que no está capacitada para ejercer la función de servidor público. Un servidor público debe entender que su labor radica en hacer buenos diagnósticos y escuchar las voces que puedan sugerir el mejor rumbo de acción. Un servidor público también debe acostumbrarse a rendir cuentas de sus actos. Si el señor Remes no es capaz de comportarse como demócrata nunca podrá ser un buen funcionario público. Si Roberto Remes no es capaz de reconocer que los ciudadanos tienen derecho a exigirle que rinda cuentas de sus actos,  Roberto Remes debe renunciar para dar oportunidad a que alguien más se encargue de cumplir los compromisos que él no quiere o no puede cumplir. Si el señor Remes renuncia, la ciudad recuperará a un buen activista en favor de la causa de los peatones y quizás pueda tener una buena cabeza al frente de la Autoridad del Espacio Público.
Los enviados de Remes me miraban con azoro. No daban crédito a lo que estaban escuchando. Mientras los observaba mi mente recordó las largas pláticas con Andrés Henestrosa y con Jacobo Zabludovsky. Ellos también me enseñaron a amar a los comerciantes de los mercados y otras tradiciones de la Ciudad de México. Sonreí con una sonrisa melancólica. Aunque no todo mundo comprendiera, yo no podía permanecer en silencio ante lo que considero un abuso de poder.

María Elena Mesta de la organización Ecociudadania, compañera en la red de observación del IEDF, planteó que no era un asunto de personas, sino de protocolos. Hace falta crear los protocolos que hagan posible que las organizaciones participen en la toma de decisiones. Había que darle a Remes más tiempo para que demostrara su voluntad de escuchar las demandas ciudadanas. Los enviados respiraron con un poco de alivio, pero no todos los locatarios y los vecinos estuvieron de acuerdo. Recordaron que a Remes ya se le había dado una oportunidad y se había comprometido a cumplir con acuerdos sobre los que hasta el momento no había ningún avance.

Entiendo el punto de vista de María Elena. Lo hemos discutido en la red. Al final no deberíamos de preocuparnos tanto por los individuos, sino por crear un marco institucional. Pero yo no sólo soy presidenta de una organización, sino que soy vecina y amo este espacio.

Además sé que la actitud que Remes ha mostrado con los locatarios y vecinos de la Colonia Del Valle es su forma de actuar ante otras organizaciones. Nadie le ha hecho ver que su actitud es equivocada. Algunos de sus colaboradores quizás fueron los responsables de las amenazas a los locatarios de que si no se acataban las órdenes se implementarían con el apoyo de los granaderos.

Al terminar la reunión acompañé a la abogada Eugenia Calleja a la salida. Nos paramos sobre la amplia banqueta y estuvimos a punto de ser atropelladas por unos ciclistas que se han apropiado de ese espacio. Su argumento – me hace notar Eugenia- es que las calles ahora son demasiado estrechas y por ahí no pueden transitar sin correr el peligro de ser atropellados. Por eso es que se apropiaron de las amplias banquetas y crearon esa gran paradoja para el antiguo Rey Peatón hoy convertido en Rey Bolardo: sus obras sí afectan al odiado automovilista, pero no para beneficiar al peatón, sino para crearle otro tipo de peligros.

Pero los usuarios del mercado no son los únicos ni los principales afectados por las ocurrencias del señor Remes. Eugenia me hizo dirigir la mirada hacia el CENDI (Centro de Desarrollo Infantil). La Improvisación en las obras del señor Remes hizo que el nuevo material que recubrió las banquetas impidiera que pudiera abrir la salida de emergencia. Cuando se organizó una protesta en redes sociales, las autoridades “repararon el daño” creando un desnivel para que pudiera abrir la puerta. Pero ahora que llueva el agua bajará por ese desnivel para inundar el CENDI. La fobia por los autos hizo que se instalaran macetones frente a la salida de emergencia, lo que dificultaría las labores de rescate si llegaran a necesitarse.

Habrá una nueva reunión con funcionarios del gobierno de la Ciudad de México el vienes 7 de abril. Ahí se tomarán muchas decisiones que afectarán no sólo a los vecinos de la Colonia Del Valle, sino a muchos otros. Los macetones cercanos al CENDI deben desaparecer. La gran lección de esta historia es que las autoridades deben aprender a escuchar. No hay democracia sin demócratas. Todos tenemos que aprender a ejercer nuestros derechos y cumplir nuestras responsabilidades.

 

 

 

 

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