Revoluciones ciudadanas posibles contra el señor Trompas

Por Regina Santiago Núñez

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Domingo 20 de noviembre. Día de la Revolución Mexicana. Así está marcado en el calendario. Así me lo enseñaron en la escuela. Otros estudios y el testimonio de mi abuela Mamá Nicha  me hicieron descubrir que la revolución fue un largo proceso que duró muchos años, provocó muchas muertes y muchas lágrimas.

Sí, un día Porfirio Díaz renunció y se fue a Europa. Pero eso fue sólo el comienzo. Después vino el débil gobierno de Madero, la traición de Huerta con ayuda del embajador norteamericano y los constantes asesinatos y golpes de estado entre la “familia revolucionaria” . Luego el surgimiento de un partido que se dijo “revolucionario” pero al mismo tiempo se dijo “institucional”. Setenta años sin alternancia, hasta que alguien llegó y convenció a los votantes de que la solución era sacar al PRI de Los Pinos. Pero la administración Fox demostró que no se trata sólo de un asunto de hombres o de nombres, sino de buen gobierno. Y el buen gobierno no se basa en ocurrencias o consignas del exterior. A Fox siguió Calderón, una alternancia – ruptura dentro del mismo partido, donde tampoco hubo buen gobierno.

Con Calderón se celebró el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Lo que más se recuerda de esas celebraciones es La Estela de Luz con forma de suavicrema, que para muchos es el gran monumento a la corrupción y a la impunidad. A Calderón siguió Peña. El PRI regresó a Los Pinos con la promesa de enmendar los errores del panismo. Seguimos esperando un buen gobierno.

Este domingo 20 de noviembre me desperté pensando en revoluciones y me encontré con esta reseña del NYT de lo que sucedió el viernes pasado en un teatro de Broadway. El vicepresidente electo de EU, Mike Pence, asistió a la representación de la obra Hamilton (en honor de uno de los revolucionarios fundadores de Estados Unidos). Los actores y el productor decidieron hacer un pronunciamiento una vez terminada la función. Pence ya se retiraba, pero hay versiones de que se detuvo en el pasillo para escuchar el discurso que le pedía hacer lo posible por un buen gobierno, un gobierno incluyente, un gobierno para todos los norteamericanos. Un gobierno bueno para Estados Unidos y bueno para el mundo. La reseña del Times señala que el episodio enfureció a Trump, quien de inmediato tuiteó para condenar “el acoso” de que fue objeto Pence y exigió disculpas. El actor Brandon Victor Dixon, que interpreta a Hamilton y leyó el pronunciamiento del elenco, respondió también vía Twitter aclarándole a Trump que “una conversación no es un acoso, y que apreciaba mucho que Pence se hubiera detenido a escuchar” . La obra Hamilton es un éxito en Broadway. Los actores que representan a los padres fundadores son negros y latinos para destacar el papel que los inmigrantes jugaron en la fundación de Estados Unidos como una nación pluricultural.

Hay mucho que analizar en el episodio que les comparto. Las pequeñas revoluciones posibles las hacemos los ciudadanos día a día, con gestos como el de los actores y el público de Hamilton, pero también con Mike Pence y su decisión de asistir a un espectáculo como ese, con su inmenso valor simbólico. El futuro vicepresidente de EU asiste y escucha, mientras el futuro presidente Trump tuitea su intolerancia al tiempo que anuncia que nombrará en puestos clave de seguridad y justicia a hombres caracterizados por sus posturas racistas y ultra conservadoras. Entre Trump y Pence hay choques como los que la obra de teatro narra entre los revolucionarios padres fundadores. La presidencia Trump puede convertirse en una pesadilla en la que siga predominando el discurso de odio y la intolerancia. Pero hay quienes disienten públicamente. Ahí está parte de la esperanza. Ni México ni Estados Unidos, ni el mundo en general han tenido buenos gobiernos. Han tenido, eso sí, ciudadanos ejemplares que en su momento y su circunstancia han sabido hacer la diferencia. Ahí sigue estando nuestra esperanza.

Cantaba Mercedes Sosa:

Sólo le pido a Dios
Que el dolor no me sea indiferente
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacía y sola, sin haber hecho lo suficiente.

Sólo le pido a Dios
Que lo injusto no me sea indiferente
Que no me abofeteen la otra mejilla
Después de que una garra me arañó esta suerte.

Sólo le pido a Dios
Que el engaño no me sea indiferente
Si un traidor puede más que unos cuantos
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente.

Sólo le pido a Dios
Que el futuro no me sea indiferente
Desahuciado está el que tiene que marcharse
A vivir una cultura diferente.

Esa canción fue siempre muy especial para nuestra Doña Martha y para mí. Ahora lo es más. Vendrá la era del “señor Trompas” como llegó a decirle en su particular forma de humor que desarrolló tras la embolia. “Osorio Chongo y el Señor Trompas”, personajes del imaginario siempre agudo de mi mamá. ¿Y ustedes cómo viven este domingo 20 de noviembre de revoluciones? ¡Buen día!

Mira aquí la reseña del NYT sobre lo ocurrido en la representación de la obra Hamilton 

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