Una declaración de amor a Nueva York

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Por Regina Santiago Núñez
Hoy 11 de septiembre de 2016 no puedo dejar de hacer una oración por lo vivido y lo sufrido hace 15 años. Hoy tengo otra forma de conciencia de la muerte.
Aquel 11 de septiembre de 2001 mi mamá y yo nos tomamos de la mano y lloramos juntas por la insensatez del mundo. Lloramos al ver el sufrimiento de una ciudad a la que tanto amamos.        

          
Recordamos que nuestro primer viaje al extranjero fue a Nueva York. Tenía yo 12 años, mi mamá, alrededor de 50. Todo nos sorprendió.
Inolvidable aquel paseo aéreo antes de aterrizar. La ciudad parecía estallar en un juego de luz y color. Así nos recibía Nueva York.
Inolvidable el concierto en Central Park con la filarmónica interpretando la Overtura 1812 de Tchaikovsky. La silueta de las Torres Gemelas recortándose sobre un atardecer que pasaba del dorado al naranja, al rojo y al magenta. Luego, en la oscuridad, los fuegos artificiales y las campanas de San Patricio acompañando a la orquesta.          En ese viaje tuve mi primer encuentro con el querido Vincent (Van Gogh). Sus pinturas tuvieron especial significado porque acababa de leer su biografía, “Anhelo de vivir”,  que encontré en uno de los libreros de nuestra Doña Martha y luego comenté  con ella, forjando uno de los múltiples lazos de complicidad en nuestros pintores favoritos.       
En ese viaje descubrí también un bello Cristo de Dalí, de quien había oído hablar en el ITYC (donde estudié la primaria), pero que nunca imaginé que me provocaría tantas emociones al ver una de sus pinturas en vivo. 
 Y sí… Vaya que hay diferencias cuando entablas contacto con una pintura original. Hay algo que no se puede captar con un video o una fotografía (¿el espíritu del artista?
Hoy al mirar esta imagen recuerdo al Nueva York que me sedujo cuando era adolescente y me ha enamorado desde entonces. Un Nueva York que ya no es lo que era, pero se ha transformado y ofrece otras maravillas para seducir a sus visitantes.        
Habré de regresar algún día, ya sin la imagen de aquellas Torres Gemelas, ya sin la presencia física de nuestra Doña Martha, pero con el recuerdo de aquella tarde de un 11 de septiembre en que unimos nuestras manos y lloramos con lágrimas de amor contra la infamia de la que fuimos testigos.
Hoy mi certeza es mayor de que,  como escribió algún día mi querido abuelo Chalo, “El amor puede triunfar sobre la muerte”.

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