“Grandes Héroes” y por qué el amor debe triunfar sobre la muerte.

Para mis alumnos de la Ibero y para todos aquellos jóvenes  (de 8 u 88 años) que conservan la voluntad para querer mejorar el mundo.

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Por Regina Santiago Núñez

Para quienes no conocen mi historia completa, he de decir que nací el 31 de diciembre de 1961 y hay quienes me consideran una buena analista del ajedrez mediático, de los mensajes abiertos y encubiertos  que los poderosos suelen enviarse a través de la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales. Vivo con mi madre, de 88 años, que desde hace 8 sufrió una embolia que le hizo perder la capacidad de hablar claramente, pero que nunca le hizo perder la coquetería. Hoy mi madre, Doña Martha, es una mujer con una gran sonrisa. No tengo hijos, pero la condición de Doña Martha que se asemeja cada vez más a la de una niña-grande me ha hecho buscar constantemente en las carteleras cinematográficas historias que sin perder sustancia, sean fáciles de comprender también por su lenguaje no verbal. Mi madre ve una parte de la historia, con énfasis en las emociones; yo me centro en el argumento. Es difícil que yo deje de preguntarme cuáles son los mensajes subliminales de una trama, pero la analista de medios suele tener que salir de su zona de confort y prestar atención a ciertas escenas que entusiasman a niños y niñas de 8, 18, 38, 58 y 88 años de edad. Es así como se construyó mi historia con “Grandes héroes”, la película de Disney basada en personajes de los comics de Marvel. Una visión particular que si me permiten ahora les voy a contar.

Dudé en separarme de la computadora aunque ya tenía programada la ida al cine. Mi Black Berry dejó súbitamente de funcionar pues fue incapaz de cargar la batería. Las cosas se parecen a sus dueños, decía la sabia Mamá Nicha, la madre de mi madre, la abuela que todo lo aprendió de eso que llaman “la sabiduría popular”, la psicología innata de su raza zapoteca. La agonía y muerte de mi Black Berry que se despidió mandando mensajes de que la fuente de poder no era compatible con su formato (a pesar de que era el cable con el que siempre la había cargado) en un principio me pareció un mal presagio. Pero finalmente quise más bien interpretarla como una señal de que hoy no era un día para seguir metida en la computadora tratando de descifrar desde ahí la triste realidad del mundo y del país.

Corto Feast
Tomé la decisión apenas a tiempo. Corrimos al cine y a pesar de que la chica que nos vendió los boletos también tuvo que pelear con la lentitud “sistema” (continuaban las metáforas), llegamos en el momento en que se iniciaba la proyección de la cinta. Doña Martha se emocionó enormemente con el corto Feast (Festín) que se presenta antes de la película. El corto cuenta la historia de un hombre que alimenta durante años a un perro y cómo se va desarrollando la relación entre ambos; pero lo interesante es que cuenta la historia desde el punto de vista del perro. Doña Martha aplaudía y gritaba con cada uno de los éxitos del protagonista. Yo la abrazaba para tratar de disminuir su efusividad que temía pudiera molestar a algún vecino, pero a la menor distracción, ella volvía al ataque. Así fue con Feast y, desde luego, en muchos momentos de la película Grandes Héroes. Cuando terminó la proyección me quedé un buen rato sentada en la butaca. Suelo esperar a que toda la gente salga del cine porque así es más fácil maniobrar con la silla de ruedas. Pero en esta ocasión no era sólo un asunto práctico. No, yo necesitaba darme un poco más de tiempo para regresar a la realidad.

Cuando llegamos al restaurante todavía iba en silencio, con muchas imágenes y frases de la película dándome vueltas en la cabeza. Mientras Adelina ayudaba a doña Martha a bajar de la silla de ruedas y acomodarse en la silla normal, yo jugueteaba con un globo que un payaso nos dio a la entrada, pero mis pensamientos seguían en los mensajes de la película.

–¿Y qué les vas a contar a tus niños sobre la película?, le pregunté a Adelina para abrir la conversación.

— Acuérdese que yo ya no tengo niños con quienes armar discusiones como las que a usted le gusta que yo organice para luego contarle los resultados.  El rostro de Adelina se ensombreció al recordar que a principios de año le pidieron a ella y a varias maestras que renunciaran porque la escuela no tenía suficientes niños para pagar sus sueldos.

–No me refería a tus alumnos, le dije con una sonrisa cómplice. Me refería a tus hijos. ¿Qué les vas a contar a Jatziri y a Martín respecto a la película?

–No se las voy a contar, respondió convencida. Los voy a llevar a verla porque es una película que yo quiero volver a ver, ahora con ellos, para que la podamos platicar entre nosotros.

–¿Y qué fue lo que más te llamó la atención de la película?, pregunté mientras clavaba mi tenedor en un champiñón que luego sumergí en el fondue de gruyere con especias que acababa de llegar.

— El amor… el amor que mueve a todos los personajes. El amor es el motor de esta historia que si no retratara tan bien las emociones de los personajes podría confundirse con las caricaturas de superhéroes que vemos en la televisión. Pero también está muy bien planteada la habilidad del protagonista en el manejo de la tecnología. Yo lo vivo en casa. Jatziri tiene 11 años y Martín va a cumplir 5 y los dos conocen mucho más del mundo de las computadoras que su papá, que yo e incluso que muchos de sus profesores.

— ¡No eres la única!, respondí de manera efusiva, tratando de distraerla para que no se diera cuenta que por voraz yo había perdido mi pan de ajo en la cazuela con queso y, según la tradición, debería convidar el próximo fondue.

— Pero también hay otra cosa que me llamó la atención, dijo Adelina sin percatarse de que mi pedazo de pan no regresó pegado al tenedor. El protagonista principal de esta historia muere casi al principio de la película. Es interesante cómo su ideal se mantuvo todo el tiempo y es lo que le dio sentido a todo lo demás.

— La tecnología al servicio de una buena causa, respondí con una sonrisa. ¿Sabes que ese es el mensaje fundamental que he tratado de transmitir a mis alumnos del Taller de Comunicación para ingenieros? He tratado de que las películas, las lecturas y otros materiales que hemos discutido en clase se enfoquen en crear conciencia de que se necesita un desarrollo tecnológico orientado hacia el servicio de la sociedad. Inclusive llevé a mi amigo Alejandro Rubio a que les hablara de la ética de los hackers “blancos” y de las acciones de los “hackers sociales”.

— ¿Y qué son los hackers? , preguntó Adelina realmente sorprendida ante una palabra que nunca había escuchado.

— Los hackers son… personas similares a los protagonistas de la película. Generalmente se habla de hackers refiriéndose a desarrolladores de tecnología. Usualmente son jóvenes que pueden ser tan hábiles que han mostrado los puntos vulnerables de los sitios de Internet de la Casa Blanca o el Pentágono. Pero lo que nos explicaba mi amigo Alex cuando platicó con mis alumnos, es que la del hacker es una actitud ante la vida. Creen en el conocimiento compartido y los mueven más los retos que el dinero.

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— Como a Hiro, el chico genio de la robótica que aparece en la película, dijo Adelina mientras intentaba que Doña Martha comiera un camarón del fusilli con el que acompañamos el fondue. Hiro tendría que ser un chico como los que usted describe porque de otra manera no se explicaría que hubiera rechazado el dinero y hubiera optado por entrar a la universidad.

— Exacto, le dije convencida. Esa decisión está sustentada en la ética del hacker, aunque la película nunca la menciona abiertamente. Esa es la primera gran decisión que tiene que tomar Hiro. Pero después vendrán otras decisiones que mantienen un conflicto permanente y son las que hacen interesante la película.

— No es fácil explicar que un joven elija seguir aprendiendo y perfeccionando sus habilidades en una universidad en vez de obtener dinero fácil. Yo no sé si todos hubieran hecho lo mismo, dijo Adelina con una mirada un tanto retadora.

–En mi clase, algunos de mis alumnos me han dicho lo mismo cuando hemos discutido la ética de los hackers y un concepto que he tratado de desarrollar como “ingeniería para la paz”. Hay quienes me insisten en que todo eso suena muy bien en la teoría, pero que el mundo en realidad se mueve por dinero.

— Las nuevas generaciones se están volviendo muy materialistas, dijo Adelina con tono de desaliento.

— Tú menos que nadie debe generalizar de esa manera, le dije con una sonrisa. Tú misma me has contado que tienes una hija que regaña a las personas que se hacen las dormidas en el Metro o en el autobús para no ceder el lugar a las personas con discapacidad o a las mujeres embarazadas. Tú me contaste cómo tus alumnos de kínder rechazaron al compañero recién llegado que en su primer día en tu clase se presentó diciendo que su papá le había dicho que como él era más grande y más fuerte no se fuera a dejar de ninguno de ellos, y que si se le ponían al brinco les diera de trancazos.

— Bueno, ese papá no sólo le dijo eso a su hijo, sino que lo amenazó con que le iba a pegar si se enteraba que los chiquitos le habían ganado. ¿Usted cree, licenciada? Por eso mismo digo que no es fácil.

–No, si yo no dije que fuera fácil, respondí mientras la miraba fijamente a los ojos. Dije que tú has educado a tus hijos y a tus niños para que los valores no sean algo que sólo respetan los superhéroes de las películas de Disney. Ambas nos regalamos una sonrisa cómplice mientras Doña Martha blandía el tenedor para llevar el queso de la cacerola de fondue a su plato y lo derramaba sobre los fusilli. Me recordó aquella canción que me cantaba mi abuela cuando quería hacerme reir y que finalizaba diciendo que a la muñeca vestida de azul había que darle jarabe con un tenedor. Me quedé observando por unos minutos la maniobra de mi madre y luego su sonrisa interminable como de niña que acaba de hacer una travesura.

— ¿Y para ti cuál fue la principal enseñanza de la película?, le pregunté a Adelina, buscando una revelación.

— Hay muchas, me dijo como temiendo no tener la respuesta que yo estuviera esperando.

— Pero hay una que es muy clara, le dije. Primero la transmite el hermano mayor a Hiro y luego Hiro se la transmite al resto de sus compañeros superhéroes en medio de la gran batalla contra el mal.

— ¿Qué hay que ser perseverantes?, preguntó Ade como la alumna que siente que no estudió suficiente para el examen.

— Bueno, sí… también, dije para no desalentarla. Pero recuerda la escena cuando Hiro se esfuerza por tener la gran idea y arruga y arruga papeles y los tira a la basura y está desesperado porque no se le ocurre nada nuevo. ¿Qué hizo el hermano de Hiro?

— ¡Ya me acordé!, dijo Adelina tras un largo silencio. Lo tomó entre sus manos y luego lo puso de cabeza. Seguro que quería sacudirle las ideas, dijo con una sonrisa nerviosa.

— Seguro, le dije mientras le insistía en que tomara el último camarón que acompañaba al fusilli y yo tomaba la cuchara del queso parmesano para rociar queso del fondue sobre las verduras, imitando a Doña Martha pero sin las complicaciones del tenedor.

— Pero ¿por qué poner de cabeza a alguien es la gran enseñanza de la película?, preguntó Ade intrigada.

— Porque es un gran mensaje, respondí convencida. Hiro no encontraba ideas novedosas porque no había sido capaz de cambiar su perspectiva. El mismo objeto se puede ver de diferente manera si adoptas una actitud y una perspectiva diferente. Fue la gran enseñanza de su hermano y fue lo que él recordó cuando libraba junto con sus compañeros la gran batalla contra el mal. No iban a vencer si no salían de su zona de confort.

–No iban a vencer si no podían romper con su manera habitual de ver la vida, dijo Ade como si tomara nota para sí misma.

— Así es, le dije entusiasmada. Y eso me recuerda algo que leí esta mañana, mientras navegaba buscando soluciones para resucitar mi Black Berry.  Es una frase que se le atribuye al gran científico Albert Einstein y que ahora también se utiliza para campañas publicitarias creo que para anunciar algún chocolate: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

— Yo no he escuchado esa frase para vender chocolates, dijo Ade con justificada incredulidad.

— Fue sólo una manera de decir las cosas, respondí mientras miraba como Doña Martha había decidido dar por terminada la comida mezclando mi refresco, el de Ade y el resto de su vino en una misma copa y se preparaba a beber el contenido, no sin antes brindar con nosotras y con el mesero que se había acercado a retirar los platos vacíos.

— A veces las grandes enseñanzas pueden estar en las frases de una película, o en una campaña publicitaria, o en un blog de Internet que ha rescatado una reflexión, dije mientras ordenaba un fondue de chocolate.

–¿Y usted qué les va a contar a sus “niños” respecto a la película?, preguntó Ade, devolviéndome el balón que hacía rato había yo puesto en su cancha.

— Todavía no lo sé, respondí con sinceridad. Esta es una película que habla de dilemas éticos, habla de la importancia del trabajo en equipo, habla de la necesidad de desarrollar liderazgos para el manejo de crisis. Pero sobre todo es una película que subraya la importancia de que el conocimiento tecnológico se conecte con la esencia del ser humano, con valores como la solidaridad basada en la compasión… una compasión entendida no como lástima, sino como la capacidad de ponerse en los zapatos del otro. Me gusta mucho también que los personajes principales son complejos. Los héroes no son totalmente buenos, tienen sus momentos de debilidad totalmente explicados; y los malos no son totalmente malos, también hay una historia suficientemente explicada que nos hace comprender su forma de actuar.

— Es por eso que quiero verla con mis hijos, dijo Ade con una sonrisa, mientras sumergía una fresa en la fuente de chocolate y se la pasaba a Doña Martha para que le diera el visto bueno. Una de las escenas que más me gustó es cuando el robot abraza al niño para consolarlo.

abrazo de Baymax a Hiro

—  A mí también, respondí convencida. Me gustó cuando el robot abraza al niño y me gustó cuando todo el equipo de “super-héroes” se funde en un abrazo. Recordé que cuando apenas mi mamá se dio cuenta de que no podía hablar había momentos muy negros en los que se desesperaba y se daba de bofetadas ante la desesperación de que no le salían las palabras. En aquel entonces yo no sabía qué hacer y solía reaccionar también violentamente, gritándole que dejara de hacerse daño y amenazándola con que si seguía maltratándose yo iba a hacer lo mismo. Y me ponía como un espejo cuando ella se golpeaba. Gritaba y me golpeaba yo también. Hasta que un día alguien me habló de la estrategia del abrazo. Un abrazo sirve para contener; abrazas a una persona y le impides que se siga haciendo daño; pero al abrazarla también le puedes transmitir tus emociones; le puedes transmitir amor, comprensión, apoyo. Todo lo que el robot BayMax le transmite a Hiro y a sus compañeros, y nos transmite a los espectadores si somos capaces de participar en ese abrazo.

—  A mí me gustó ese abrazo, dijo Adelina mientras ayudaba a Doña Martha a ponerse el abrigo y acomodarse de nuevo en la silla de ruedas.

— A mí también me gustó ese abrazo, respondí con otra sonrisa cómplice. Tal vez por eso no quería levantarme de la butaca y salir del cine. Tal vez por eso quieres regresar con tus hijos y compartir con ellos la experiencia y las reflexiones a las que invita esta película.

—  A veces es necesario darse una oportunidad no sólo de disfrutar de una película, sino de platicar sobre ella, respondió Ade con otra sonrisa cómplice. Yo no sabía que Marthita la había pasado tan mal.

— Toda pérdida es difícil de superar. Ya ves lo que sucede en la película cuando Hiro pierde a su hermano y cuando el profesor pierde a su hija.  Esos momentos de oscuridad están bien retratados en la película. Nos muestran también que no sólo es el poder o el dinero lo que mueven al mundo. El mundo también se mueve por dolor. Hiro logra sublimar ese dolor y convertirlo en un homenaje a su hermano. Son muchos los obstáculos que tuvieron que enfrentar tanto él como los compañeros que trataron de ayudarlo. Pero no todos logran sublimar el dolor. Cuando el dolor se clava en las entrañas de un ser humano se convierte en fuego que alimenta el odio y oscurece el entendimiento.  A veces no es sólo la fe, sino también el dolor, lo que mueve montañas.

Adelina y Doña Martha se adelantaron a la salida mientras yo pagaba la cuenta. Las vi alejarse con una sonrisa. Mi madre repartía besos y se despedía de todos los niños y niñas que encontraba en su camino. También de los papás y de los abuelos de los niños; también de las meseras, pero especialmente de los meseros.  Adelina intentaba vencer la timidez que la caracteriza.

En unos minutos más estaremos de nuevo a la casa. Yo encenderé la computadora e intentaré continuar con el texto sobre la crisis por los normalistas de Ayotzinapa, ese texto que no acaba de salir, quizás porque duele demasiado.   Mientras tanto seguiré pensando qué les voy a decir sobre esta película a mis alumnos del taller de comunicación para ingenieros, y también a los de periodismo y desde luego a todo el que me quiera leer y escuchar. No sé exactamente con qué palabras y en qué tono pero habré de mencionar la importancia de un abrazo; la importancia de que alguien se ocupe de contener el dolor de los individuos, y de las comunidades; la importancia de que alguien siga creyendo que vale la pena sacrificar su propio bienestar en aras de un bien para la humanidad. Quiero pensar que BayMax puede ser algo más que un robot ideado por los creativos que trabajan para Disney. Quiero pensar que quizás el espíritu generoso del hermano de Hiro no sólo vive en el argumento de una película, sino puede tocar algunos corazones Quiero creer en las pequeñas revoluciones posibles que se dan en la convivencia diaria y quiero también creer en los grandes héroes que pueden vivir en cada uno de nosotros, a su manera, y que deberán hacer posible el ideal quijotesco de que el amor logre triunfar sobre la muerte.

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9 Replies to ““Grandes Héroes” y por qué el amor debe triunfar sobre la muerte.”

  1. Una crítica hermosa. Normalmente no leo entradas tan extensas, pero tu estilo me ha dejado prendado hasta el final.

    Me gusta eso que dices del dolor. En realidad el villano no es tan diferente al héroe. La diferencia es que uno sucumbe al dolor y el otro no.

  2. Gracias Sopho. Tienes razón, un reto mantener la atención con textos largos, pero así salió, jeje. Saludos

  3. Muy buena critica e historia con referencia a lo ocurrido después de ver la magnifica película. Le contare que casi lo mismo pase con mi Mamá y mi hermana de 8 años al verla, salieron muy conmovidas y mi hermanita me bombardó con preguntas sobre eso de la tecnología y entre mi Mamá y yo nos encargamos de explicarle mas a fondo la película. Es una historia que te deja una enseñanza en diversos ángulos. Muchas gracias por compartir

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