Susana Alexander y su pequeña gran revolución educativa en tierras campechanas

Susana Alexander en su polémica presentación en Campeche

Navegaba por Internet en busca de información para mis reportes para la chamba –como suelo hacerlo aún los domingos—cuando me topé con un texto que llamó poderosamente mi atención. Era el relato de la presentación de Susana Alexander en Campeche, en las que armada con un libro, provocó una pequeña- gran revolución. El lunes 19 de mayo, la actriz regañó a sus anfitriones del SNTE y de la secretaría de Educación del estado; y rafagueó a los maestros asistentes con preguntas sobre su vocación, su responsabilidad social, su falta de preparación y la falta de preparación de sus alumnos… y la falta de preparación que está invadiendo a nuestra sociedad… y al mundo. Mucho que reflexionar sobre este tema; sobre la calidad educativa; sobre las grandes reformas ”atoradas” y sobre estas “pequeñas-grandes revoluciones posibles”, como la que encabezó Susana Alexander en Campeche, dejando a muchos sin palabras. Hay muchas formas en que los maestros pueden ser evaluados. Esta es una de ellas. ¿Ustedes qué opinan?

A continuación el texto que motivó esta reflexión.

Tribuna de Campeche. Columna Expediente parte 1 del 25/Mayo/2014

Reconocida desde hace varias décadas como excelente actriz de cine, teatro y televisión, y también como productora y traductora, con raíces de origen judío, alemán, francés, británico e italiano, Susana Ellen Rose Alexander-Katz, mejor conocida como Susana Alexander, estuvo en Campeche el martes de esta semana para impartir la conferencia “En el éxito de cada mexicano están presentes sus maestros”.

Ante más de 600 profesores de la Sección IV del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la también embajadora de esta agrupación, con la franqueza y la claridad que le son características, y sin perder en ningún momento sus buenos modales, su manejo escénico y la sonrisa fácil, lo menos que les dijo es que son brutos y huevones.

Pero no se detuvo ahí. Traía el carcaj  lleno de flechas, y las disparó sin amilanamiento o prudencia alguna. Fue dura en sus apreciaciones y amplia en su exposición. En territorio libre, les aventó en el rostro a los mentores tres cuestiones, que nadie replicó: que no tienen vocación para enseñar, que son multiplicadores de la ignorancia y que no saben leer. Un silencio sepulcral domeñó en el auditorio. Podría haberse escuchado en el ambiente el volar de un culicinio.

Y a pesar de tanta evidente incapacidad, la preparación de nuestros niños y jóvenes, que en su momento tendrán que renovar los puestos de mando, está en sus manos asumir todo tipo de responsabilidades en niveles de Gobierno, partidos, organizaciones civiles, empresas, industrias, escuelas, universidades, centros de investigación, etc. Es decir, a quererlo o no, de esos pésimos maestros depende el futuro de la sociedad y del país. ¡Qué desalentador! ¡Qué drama!

Sin más apoyo que unos libros pequeños, de esos que no espantan a los malos lectores, pero que tampoco los atraen, y sobre la cabeza una diadema con un micrófono, vestida con blusa y pantalón claros, puede decirse que si el Salón del Magisterio –sitio del evento- parecía grande, el auditorio, integrado por sindicalistas y funcionarios estatales del sector educativo, a Susana Alexander le quedó chico para el tamaño de sus opiniones. Tabaleó durante casi dos horas. Y sus oyentes la escucharon sin interrumpir. Estaban anonadados, perplejos, ensimismados, incrédulos.

Hace ya algunos lustros Susana Alexander acuñó una frase para su profesión de actriz, en el sentido de que “el arte que no conmueve, no es arte”. Y bien podría resumirse la esencia de su conferencia dictada el martes en que maestro que no enseña, proyecta ignorancia. Así de claro y contundente. Así de cierto. Así de lamentable.

Para ser maestro debe existir vocación, por lo que si no existe en los estudiantes normalistas, es mejor que se retiren a tiempo. En la tarea de educar se necesita optimismo, pasión, coraje, entrega, amor, interés y estudiar sin detenerse. Y de esa manera se debe entender, cuando la embajadora del SNTE apostrofó: “Quien no tenga el perfil, que deje la enseñanza, al tiempo que advirtió que la educación de mala calidad está dejando un legado de analfabetas, que será muy difícil revertir”.

Miradas frías casi petrificaban a la actriz. Lo que aseveraba es cierto y conocido. Pero son muy pocos los que se atreven a expresarlo de manera directa y sin tapujos. Ni en Campeche, ni en ninguna otra parte del país, es un secreto que a partir de los vicios del sindicalismo magisterial, en contubernio con los intereses político-electorales de los gobiernos Federal y estatales en turno, poco o nada se hizo para que las plazas de maestros se otorgaran con base en criterios de preparación probada, conocimiento de la enseñanza y capacidad para desarrollar habilidades pedagógicas novedosas, en su capacitación constante y, particularmente, dando prioridad a quienes demostraran verdadera vocación para instruir en el aula, que antes fue, y debería seguir siendo, un verdadero apostolado.

 

MANEJO DE PLAZAS, BENEFICIO GOBIERNO-SNTE

No entraña nada nuevo recordar que el SNTE y los gobiernos manejaron las plazas exclusivamente como sistema para asegurarse mutuos beneficios: los directivos las cuotas de sus agremiados, recursos federales y estatales, y posiciones políticas –como lo hizo de manera insultante Elba Esther Gordillo Morales—, y los gobernantes y su partido la estructura electoral que representaban y representan los profesores, irónicamente formados como estudiantes en el marco del socialismo y el comunismo, en fin la izquierda, y capacitados como maestros en la mapachería electoral, primero a favor del PRI, y en el docenato perdido velando por los intereses de los panistas Vicente Fox Quesada y Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa.

Por esa misma situación, en sus últimos días como dirigenta vitalicia y todopoderosa del sindicato magisterial, Gordillo Morales recibió como una afrenta a su cacicazgo la entonces iniciativa de reforma del Presidente Enrique Peña Nieto, y particularmente todo lo relacionado con el otorgamiento de plazas a los más preparados, y no a los mejor recomendados.

Harto sabemos que la mayoría de los estudiantes normalistas y de quienes hoy son parte del sistema educativo, no tenían ni tienen vocación para enseñar, sino que fueron incrustados en las escuelas porque sus padres ya formaban parte del sector y, al jubilarse, les dejaron los puestos de trabajo, como si fuera herencia familiar.

Por ello, como lo apuntó Susana Alexander, los maestros sin vocación, lejos de impartir una enseñanza de calidad, se limitan a esperar la quincena, para cobrar y gastar el dinero, y sumar horas-nalgas hasta el día en que puedan disfrutar de su pensión o jubilación. Es duro aceptarlo, pero es la cruda realidad.

Eso explica en buena parte el incremento del analfabetismo, pues los resultados de los exámenes a quienes egresan de la licenciatura en educación y los anuales a los futuros maestros de primaria y secundaria, demuestran que adquieren con insuficiencia las habilidades para enseñar.

Los profesores son entonces multiplicadores de la ignorancia, porque sin duda como estudiantes normalistas, si en algo pensaban, era en salarios, vacaciones, bonos, asuetos, etc., cuando un verdadero maestro debe cumplir varios roles sin importar la falta de infraestructura educativa. La realidad es que ocurre al revés, los pésimos maestros, se quejan de todo para cubrir su  incapacidad profesional y su ausencia de vocación magisterial.

Huevones,  brutos, sin vocación para enseñar, sin saber leer, los profesores no pueden ejercer más que como multiplicadores de la ignorancia, enfatizó la embajadora del SNTE durante su disertación en Campeche.

Además, los profesores no saben poner atención ni siquiera en los eventos gremiales como también lo confirmó Alexander, cuando luego de pedir a los asistentes que atendieran su exposición, “el niño secretario” –de Educación estatal, José Martín Farías Maldonado— “y el otro niño” –dirigente de la Sección IV del SNTE, anfitrión del evento, Mario Alberto Rodríguez Suárez— mostraban su descortesía al dedicarse a cuchichear uno al oído del otro y viceversa.

Sorprendidos in fraganti, como seguramente les ha de haber pasado muchas veces cuando eran estudiantes, Farías Maldonado y Rodríguez Suárez, ante las risas que provocó el regaño de Susana Alexander, sólo acertaron a aplaudir, aunque sin saber por qué ni para qué.

Otro punto álgido de la charla se dio en el momento en que la embajadora del SNTE invitó a la profesora Guadalupe Montero Canto a leer un párrafo de un libro, y a su lectura y dicción nada tendría que envidiarle un alumno de segundo o tercer grado de primaria.

Susana Alexander abrió los ojos cuanto pudo y permaneció estupefacta, casi turulata y hasta entumecida, ante la pésima lectura, de quien tiene 46 años de servicio en el sector educativo y más de 20 como directora de la Escuela Secundaria número 7 “Joaquín Baranda y Quijano”.

Los maestros no saben leer, reconfirmó la disertante, y explicó que no es lo mismo leer palabras, que leer conceptos, y leyó ella misma el mismo párrafo para enseñarle cómo hacerlo a Lupita Montero, quien cabizbaja admitió su reprobada lectura.

A partir de ese momento, los profesores comenzaron a mirar hacia el infinito insondable, y algunos hasta intentaron escurrir el bulto, entre ellos el ex candidato a senador por el Partido Nueva Alianza (Panal), Jorge Gracia Rodríguez, y el aún dirigente de la Asociación de Padres de Familia, Manuel “Don Diablo” Loeza Cabrera.

Aparte de la plana enmendada a los profesores del SNTE por su embajadora Susana Alexander, mención aparte merece su exhorto a que los mentores se actualicen en el manejo de las TIC´s –tecnología de la información y la comunicación—, y que dejen atrás la educación tradicionalista, lo cual no debe ser tarea sólo del maestro, sino también de los supervisores y los funcionarios educativos.

Cierto, eso es fundamental, como ya lo demostró sobradamente, por ejemplo, el investigador indio Sugata Mitra, cuando dejó en el hueco de una pared una computadora portátil encendida, para despertar el interés de los niños, quienes aunque no hablaban inglés, cuatro horas más tarde ya navegaban por Internet y se divertían con las aplicaciones del equipo.

Ese resultado llevó al investigador educativo a realizar nuevas propuestas, hasta preparar el método de enseñanza que lleva su nombre, y que, entre otras cosas, permitió al maestro mexicano Sergio Juárez aplicarlo a sus alumnos de quinto grado de primaria, entre ellos la niña Paloma Noyola, considerada por la revista digital Wired como una posible sucesora del creador de Apple, Steve Jobs.

¿Cuándo veremos replicar en Campeche métodos de enseñanza innovadores como ese? La respuesta puede hallarse en la disertación de Susana Alexander, cuando en las aulas estén maestros con vocación, no los multiplicadores de la ignorancia.

 

 

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