Elecciones en California: la voz del ciudadano común

Por Xavier Arturo Sibaja

Director Ejecutivo de
Tweedy Mile Association

Los Ángeles, California a 31 de Octubre del 2010

Una California maltrecha.

Este sábado recibí un mensaje de texto de mi sobrino y ahijado Diego,  que iba acompañado de la imagen de un auto. El mensaje simplemente decía “llámame.”  Lo hice al día siguiente, y antes de que él me pudiera explicar le pregunté sobre la marca y el modelo de auto de la imagen. Me contestó con un tono alterado: “es un Ford LTD 1975.” Enseguida me dio más información: “Aunque tiene varios raspones y dos hendiduras, todavía tiene buena marcha, le cambié el acumulador, y cuando ahorre un poco más, le voy a cambiar la suspensión, ya que francamente, se balancea tanto que parece que en lugar de conducir en la autopista, estamos navegando en velero. Pronto te invitaré a mi yate que sólo me costó $1,200 dólares. No te preocupes por el otro auto,  ya quedé de acuerdo con papá, ‘que se lo doy’, finalmente él es el que paga las mensualidades del financiamiento.”

El entusiasmo con el que hablaba de su nueva adquisición, y el orgullo que sentía por haber negociado con mi hermano la transferencia del ‘otro auto’ me desarmó, y no pude darle mi sermón cotidiano, así que lo felicité.

Al colgar el teléfono diversos cuestionamientos vinieron a mi mente: ¿Cómo es posible que Diego haya optado por utilizar el último centavo de sus ahorros, para comprar un dinosaurio destartalado, y renunciar a un auto deportivo, último modelo, y con todas las monerías que ofrece la manufactura japonesa? Pensé, ¿será que hice mal en compartir mis anécdotas de adolescente cuando mi tío Enrique, que en paz descanse, adquiría esos enormes autos con ventanas eléctricas, dirección híper hidráulica, defensas cromadas? Recuerdo también haberle contado del ritual bianual, en esos tiempos era común cambiar auto cada dos años, que después de traer el auto de la agencia durante el verano, íbamos a la playa, y en lugar de usar el muy eficiente aire acondicionado, abríamos las ventanas para sentir la brisa gélida del Pacifico Norte. ¿Soy culpable de haberle vendido una idea bucólica de los 70?

Concluí mis cuestionamientos sobre como los adolescentes de hoy siguen cautivados por el simbolismo de lo que fueron los” últimos autos americanos.” Fascinados de su potencia de ocho cilindros, de su carrocería de acero, de su derroche… y, por qué no decirlo, de su arrogancia. Si, sienten nostalgia ajena de ese optimismo desbordante que prevalecía en la nación, pero sobretodo en California. Todavía a finales de los ochenta los californianos nos llenábamos la boca diciendo: “Si California fuera una nación independiente, seria la sexta economía mundial.”

Se me ocurre que la condición del auto de Diego pudiera bien ser una analogía  del “Estado Dorado”, con la tasa más alta de desempleo del país, fuga de capitales, déficits presupuestales billonarios,  y un pésimo sistema educativo. Y es este “ambiente destartalado”, el que enmarca las elecciones del próximo martes 2 de Noviembre, el que tiene como resultado la apatía, cinismo, e ira del votante.

Los candidatos: circo y telenovela

Meg Whitman, la candidata a gobernadora de California, en las elecciones primarias para el partido Republicano, queriendo ganarse el apoyo conservador del partido pronuncia su intolerancia a la inmigración ilegal, y veladamente aprueba mediadas como deportaciones masivas y cierre de fronteras. Llegó inclusive a solicitar y lograr el apoyo del exgobernador Pete Wilson, el villano antimigrante por excelencia. Pero una vez ganada la candidatura para su partido, y reconociendo como clave el voto hispano, lanza una estrategia mediática, y de relaciones públicas apostando a la amnesia a velocidad Internet, y se pronuncia como la candidata que retornara los empleos a los hispanos. Ni tarda, ni perezosa Whitman recorre los barrios Latinos con el lema, en español,  “Ya Vienen Los Trabajos.”  He de mencionar que la representación de micro-empresas en la que soy director, está ubicada en el tipo de zonas de influencia de a candidata. Un error de su campaña – que me avisó de sus intenciones de visitar mi empresa con menos de dos horas de antelación—me permitió cerrar las puertas de mi oficina y evitar un encuentro político no deseable.

Pero no fue así con la Congresista Federal de la Cámara Baja, Linda Sánchez quien cuando contesté el teléfono despreocupadamente me soltó con un tono cordial, que se me hizo familiar: “Hola Xavier, ¿que horas y que días está tu oficina abierta para atender al publico?” Sin todavía reconocer la voz contesté a su pregunta, a la que respondió: “Muy bien nos vemos el martes a las dos de la tarde para un breve intercambio de ideas sobre los apoyos para sacar adelante a la comunidad. Soy la Congresista Linda Sánchez y me dará mucho gusto conversar con los comerciantes de tu zona comercial; por favor asegúrate que asistan al convivio.”  Lo relevante de estos eventos, es que nadie de los lugareños recuerda una visita de un aspirante a gobernador, ni de una Congresista federal en funciones.

En el incidente de la grabación filtrada del candidato para Gobernador de California, Jerry Brown, en donde llama a Whitman, “prostituta” por negociar con los sindicatos el tema de las pensiones; y en contraposición cuando una ex empleada domestica de Whitman, la acusa de malos tratos, de abuso laboral, y de haber sido despedida cuando esta exigió que por fin la ayudara en arreglar su status migratorio, el votante sólo aprende que: Brown es un misógino arrabalero, y Whitman una hipócrita explotadora.

Hay otras candidatos, en este caso candidatas, al Senado de los Estados Unidos que sin haber llegado a un “ring” mediático, sus tácticas tras bambalinas dejan mucho de qué hablar. La Senadora en funciones Bárbara Boxer, en su contienda para la reelección, tuvo el tino, o el descaro, de hablar a alcaldes y líderes comunitarios para recordarles de donde vinieron los fondos federales que sufragaron costos de obras publicas, y de programas de desarrollo comunitario. Según individuos con los que conversé, el contexto de la conversación era algo así  como el flujo del  río de la asistencia terminaría al no galvanizarse el voto ciudadano.  Aunque la contrincante Carly Fiorina logró apoyos claves, el perfil de su campana fue de corte personal resaltando el ser sobreviviente del cáncer. Por otro lado su repentina hospitalización en un lugar secreto, para después reaparecer radiantemente recuperada a los tres días del percance, fue lo que acaparó la atención en los medios.

Reflexionando sobre lo anterior, me pregunto: ¿Está presente en el electorado una idea clara de cuales son las políticas que los candidatos proponen para disminuir el desempleo, atraer la inversión, balancear el presupuesto estatal, o mejorar el sistema educativo?  Técnicamente no me atrevo a contestar esta pregunta, ya que he perdido el interés en seguir las encuestas, pero sí puedo atestiguar, que de las tres encuestas en las que he participado, en ninguna se me preguntó al respecto.

Democracia a la carta

En la Unión Americana, California tiene la distinción, algunas veces dudosa, de cómo ejercita su democracia. Los californianos nos reservamos el derecho de cambiar nuestra elección de representantes, en cualquier tiempo, y por cualquier razón. Quiero decir, el periodo de una gubernatura de cuatro años, puede reducirse a seis meses por medio de plebiscito, por ejemplo. Esto no es sólo legalmente hipotético, ya ha sucedido. Por otro lado, el electorado tiene la opción de tomar decisiones directamente, por encima del poder ejecutivo y legislativo. Es más, la misma legislatura rutinariamente se declara incompetente para votar en ciertos temas, recurriendo también a este instrumento.

La Constitución de California establece que para que un plebiscito, de orden no constitucional, pueda ser presentado a consideración del votante sólo se requiere recaudar, por la parte interesada, un total del cinco por ciento de firmas de electores. Si el plebiscito es del tipo de enmienda constitucional, se requiere un ocho por ciento. En ambos casos, una simple mayoría se requiere para que el plebiscito propuesto se convierta en ley. Por supuesto, hay limitaciones dentro del poder del veto, y dentro del marco constitucional estatal y federal. Sin embargo, y a pesar de la anulación, por parte de la Suprema Corte, de leyes por medio de plebiscito, en tierra de aventureros, los votantes, y políticos persisten en esta Democracia a la Carta.

Este sistema, también llamado Democracia Directa, ha tenido altibajos. En muchos casos estas propuestas sirven como caballos de Troya en las que aparentemente se plantea; por ejemplo,  establecer más controles para agentes contaminantes atmosféricos, cuando en realidad la aprobación de tal medida beneficia a la extracción de petróleo, o algo así. Por supuesto, este tipo de propuestas están escritas en lenguaje indescifrable para el ciudadano común. En el 2010, parece ser que el sistema de plebiscito tuvo un ajuste favorable, ya que en la boleta electoral, sólo hubo una propuesta “minada.”  En este caso si se vota a favor de la propuesta  20, cuyo tema es la distribución proporcional de distritos por medio de una comisión ciudadana, no partidista; podría ser anulada por la proposición 27, que establece a la Asamblea estatal como el organismo que tendría la decisión de esta distribución. Lo alevoso del caso, es que el lenguaje de le propuesta 27 en la boleta da la impresión de que ésta es una extensión de la propuesta 20.

Sin embargo, desde la calle, en los cafés, la oficina, y reuniones sociales se comenta la propuesta 19 que legaliza, el consumo, producción, distribución, y venta de la mariguana. La medida se postulado como la más difícil de definir en cuanto a la opinión ciudadana. Para empezar, votantes de edad “media” o sea 50 a 60 años de edad, habiendo experimentado en su juventud con la hierba, en el ambiente socialmente permisivo de la época, no necesariamente se les puede ubicar como renuentes a la aprobación de esta ley.

El argumento de una mayor recaudación fiscal, parece tener resonancia en el votante preocupado por el déficit estatal, que afecta a un enorme número de empleados de gobierno, y a los proveedores empresariales de servicios.

Lo fascinante de las opiniones sobre este tema  es que dependen del contexto en que se discuta esta medida, la iglesia, el bar, YouTube, o Facebook es que el mismo votante cambia su postura, para ser “políticamente correcto.” Finalmente, el uso de las encuestas ha mellado la buena voluntad del electorado en donde la interpretación de los resultados tiende a mostrar tintes evidentemente partidistas. De ahí, se está dando una reacción de rechazo a los encargados de realizar las entrevistas, en donde el lector deliberadamente ofrece información que contradice su postura partidista, y social; y que oculta su decisión en las urnas.

Suceda lo que suceda en la elecciones del martes no será claro el mandato que tendrán los elegidos a gobernar, ya que heredarán una serie le políticas votadas que se contradicen, compiten entre sí, o que no tendrán conexión con la realidad socio-económica de California. Y esto está lejos de ser inconsecuente para la Unión Americana, ya que California se sigue considerando un estado que marca patrones, y cuya recuperación económica sigue siendo clave para el país.

Quizá, la viabilidad de California no se dé en Sacramento, sino en individuos y entidades no gubernamentales que logren resucitar el impulso innovador, agresivo, y vibrante del Estado Dorado. Pensando en ello me viene a la cabeza, que no sería mala idea empezar un ahorro y subsidiar a Diego para comprar la nueva suspensión, reparar la carrocería, cromar las defensas, y gastar un día de salario en llenar el tanque de gasolina de ese Ford LTD, de ocho cilindros, que fue manufacturado en su totalidad en los Estados Unidos. Una vez restaurado, conduciríamos en el verano, hacia la playa, deliberadamente de cara al sol, con el aire acondicionado apagado, sintiendo el aire gélido del Pacifico Norte, y sin remordimientos, nos daríamos licencia de ser arrogantes.

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