¿Podemos aprender a escuchar a nuestros viejos?

¿Qué te dice?

Por Regina Santiago Núñez

(Don Alfonso Pastrana falleció el martes 20 de abril de 2010, en el albergue del CAIS, Plaza del Estudiante). Sostuvimos dos charlas maravillosas. Apenas el viernes 16 de abril, fue la segunda. Trabajo en la transcripción de esas memorias. A quien lea estas líneas le pediría una oración y una sonrisa para recordar a este gran hombre).

Los ojos de un anciano que se encienden con cada recuerdo; la mirada de un hombre que se incendia frente a  la injusticia. La voz firme cuando habla de la profesión que alguna vez lo hizo alcanzar fama y fortuna; las palabras entrecortadas cuando describe las humillaciones y malos tratos que ha recibido en los albergues para indigentes, en la ciudad de México. Ese es el Alfonso Pastrana que yo descubrí la tarde del miércoles 31 de marzo del año 2010.

Don Alfonso se apoya firmemente en un bastón de metal. Se mueve con dificultad, pero no suelta una bolsa de manta verde; se aferra a ella aunque le dificulte todavía más el caminar.  La diabetes y un accidente vascular han dejado huellas en su cuerpo. Pero no hace más que subir al auto y sus palabras inundan el espacio. Horas más tarde descubriré que por ser diferente al resto de quienes forman la comunidad del albergue, don Alfonso vive aislado; no tiene con quien hablar, no encuentra cómo convivir; su estado habitual es el silencio.  Ese es ahora Alfonso Pastrana; antes fue chef de María Félix y alguna vez compartió sus sueños de pintor con Remedios Varo y Leonora Carrington, amigas de la Doña, uno de los mitos más poderosos del México del siglo XX.

Mientras esperaba afuera del albergue, mi mente divagó. El día comenzó con la dura noticia del hallazgo del cadáver de Paulette, la niña discapacitada cuya desaparición provocó un fenómeno social y un fenómeno mediático de grandes dimensiones. Horas antes, en mi tradicional incursión en el chat de #laradioacolores, había compartido la indignación, la rabia, de todos los que nos reunimos en ese laboratorio de interacción que ha creado Mario Campos para su noticiario matutino. No sabía que unas horas más tarde daría vueltas y vueltas en la cama, tratando de asimilar las experiencias del día. Desde luego, los ecos de la historia de Paulette, pero también los de las revelaciones de don Alfonso, ese viejo que carga su bolsa con fotografías y recortes de periódico como si fueran un tesoro (son su tesoro).

Tengo grabadas varias horas de conversación… las recetas de belleza de la Doña; las obsesiones de Gustavo Díaz Ordaz con Irma Serrano, la Tigresa… la descripción de las manías de Elba Esther Gordillo…la descripción de una cena en que la Piaf cantó a capela La Vie en Rose para los convidados de María…los recuerdos de don Alfonso en la cocina de su abuela morelense…las recetas de algunos de los platillos más celebrados… Eso lo tengo en audio y en video. Habrá que trabajarlo, editarlo, dejarlo presentable.

Pero lo que se quedó grabado en el alma, es difícil de transmitir. Quda esta sensación de que tenemos que aprender a escuchar a nuestros viejos; a tratarlos con respeto y a exigir que se les trate con el profesionalismo que debería existir en las instituciones que pagamos con nuestros impuestos. ¿Cómo darle voz a esos reclamos de justicia? Esa es la pregunta que me quema desde esa tarde inolvidable del 31 de marzo. Aprender a escuchar a nuestros viejos… aprender a escuchar a nuestro corazón, cuando aún lo tenemos.

Texto relacionado: El Legado de don Alfonso Pastrana, gran hombre, gran chef.

A continuación fragmentos del video de la charla con Alfonso Pastrana, sólo una parte de las dos horas de grabación.

Alfonso Pastrana y algunas intimidades del ex presidente Díaz Ordaz

Alfonso Pastrana y la relación de María Félix con Remedios Varo, Leonora Carrington y el enigma de las joyas

Alfonso Pastrana y la pintura

Alfonso Pastrana, testimonio personal sobre la vida en un albergue del DF

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14 Replies to “¿Podemos aprender a escuchar a nuestros viejos?”

  1. La historia oral es una delicia , amiga mía. El asunto es el tiempo. En este mundo no hay tiempo suficiente.

    Un abrazo, ojalá puedas compartirnos tus hallazgos pronto.

  2. Esto es la primera “probadita”. Compartir con ustedes esta inquietud. Sabemos o intuimos que la vida en los albergues no es fácil, pero uno se estremece cuando escucha de viva voz lo que sucede en esos sitios. Ahora, el contraste entre aquella vida de lujos y reconocimiento pleno con una vida condenada al ostracismo, golpea, sacude, deja pensando. Esa mirada, esa voz quebrada cuando confiesa que allá no puede hablar no sólo porque reprimen su rebeldía, sino “porque nadie me entiende”.
    A muchos niños, como a Paulette, nadie los supo escuchar. La metáfora de su muerte es también estremecedora. A nuestros viejos muchas veces tampoco los hemos sabido escuchar. Son cosas que no se aprenden en las escuelas; son los “saberes” dominantes de los que hablaba Foucault al preguntar a los poderes establecidos (y preguntarse él y preguntarnos a nosotros, sus lectores) quién y “con qué autoridad” se decide cuáles son las opiniones “que valen”.
    Ya contaremos las anécdotas. Mientras tanto, comparto la vivencia, antes de que se me olvide, antes de que deje de doler.
    Decía Martín Morales (nuestro profesor jesuita, te acuerdas?) que lo que no se escribe se olvida. Yo escribo, iré escribiendo, iré contando esta historia conforme se vaya (re)construyendo.
    Gracias por tomarte el tiempo pa leerme, amiga!

  3. Hola Regina: Veo que has dado con otro pozo de la memoria. Ahora que mane el venero de prodigios y desencantos que anida en él.
    Gracias por compartir algo que apenas entreabierto ya se antoja prometedor.Vaya un saludo cordial vía correo.

  4. Gracias por tu comentario, querido Felipe. Ya tendremos oportunidad de comentar algunos detalles de esta historia. Como bien intuyes,es un pozo de alegrías y desencantos. Ahora, uno no puede quedar indiferente tras escuchar el relato. La pregunta es ¿qué hacer? No puedes entrar a la vida de alguien y pensarte inmune. Mi pregunta es, ¿qué sigue? ¿cómo debe seguir lo que siga?
    Abrazo.

  5. Del baul de tu abuela, a la bolsa de Don Alfonso, no dejas de rescatar el testimonio oral cotejado con la evidencia en papel.

    Esta anecdota me recuerda la primera vez que fui a Oaxaca. Tenia 12 veranos, cuiando mi tiea Araceli se le ocurrio llevarnos al mercado y probar las aguas de Casilda. Casi se me atora el agua al ver una de las fotografias que tenian colgadas en una pared del puesto. Las fotos eran en su mayoria de artistas famosos y presidentes que habian degustado sus celebres aguas frescas. Pero no fue ninguno de estos notables lo que me causo sorpresa, fue una foto en que Casilda esta retratada con mi abuelo, los dos en sus anos mozos.

    Le dije a Araceli, “mira ahi! mi abuelo!” Resulta que Casilda era comadre de mi abuelo. Araceli me dijo, “si eran compadres”.

    Uno de los dependientes escucho este comentario y trajo a una hija de Casilda. No recuerdo si en ese tiempo Casilda ya habia fallecido. La senora simplemente me pregunto: eres nieto de Lico? Hijo de quien? Al responderle “si ,y soy hijo de Jose.” Ella me abrazo, saludo a mi tia y sin pedir permiso dijo “mira que te contare de tus abuelos mientras damos una vuelta por el mercado.”

    Como si estuviera leyendo un libro me conto como se conocieron mis abuelos, donde mi abuela tenia su puesto de aguas frescas, donde mi abuelo comia, y un sinfin de anecdotas. Nunca dejare de estar agedecido de este relato, pero sobretodo, de que personas, extranas para mi, mantuvieran vivo el recuerdo de mis abuelos.

    Desde entonces estoy convencido, un oaxaqueno nunca olvida, y en Mexico nadie cuenta mejor un relato que un oaxaqueno. Pues si Regina, tienes la fortuna de contar con ese linaje de relatores excelentes.

  6. Querido Xavier…Y tengo la fortuna de contar con amigos como usted!!! Como le comentaba a mi amiga Adriana, compañera de la maestría en Historia, una de las frases que se me ha quedado más grabada es la de que “lo que no se escribe, se olvida”. Quizás, mi querido Arturo, esta historia ha tenido la “magia” de evocar la memoria de aquel paseo por el siempre misterioso mercado oaxaqueño y crear una conexión para que tú también te sientes a escribir.
    Te he contado que uno de los ejercicios preferidos con mis alumnos es el de ponerlos a entrevistar a sus abuelos; que cuenten la historia de la radio a través de sus vivencias, de su manera de acercarse a lo que fue “la revolución tecnológica” de su época. Al final, poco importa el contenido del relato y las innumerables faltas de ortografía que suelen acompañarlo (jeje). Lo importante es que aprendan a escuchar a sus viejos; que aprendan a descubrir los tesoros de las historias familiares.
    Lo conmino, como amiga y como oaxaqueña, a que comparta sus recuerdos; a que reconstruya aquella tarde en que descubrió a su abuelo en el puesto de doña Casilda.
    Besos.

  7. En lo personal, definitivamente hay un mensaje verdadero en la muerte de Don Alfonso Pastrana Estrada, una experiencia que no voy a olvidar, aún sin haberlo conocido. En la transcripción de la entrevista que tuve oportunidad de colaborar, reflexiones importantes de verdad, y por algo será que la vida de este hombre me tocó en el hombro en este momento. Por mi parte no dudes que, como dijo Heriberto durante la entrevista, ya lo llevo en el corazón para siempre.

  8. Querida Candy:
    Gracias por compartir tu experiencia al transcribir la entrevista. A todos los que participamos en ella nos ha dejado algo muy especial. Son reflexiones muy profundas sobre la cocina, la cultura, la vida, la muerte, el arte, la vejez… En fin, son tantas cosas. Ojalá encontremos la forma de canalizar todas estas inquietudes. Saludos

  9. Querida Regina,

    Lamento mucho el fallecimiento de Don Alfonso. El titulo de tu reflexion es muy pertinente: Sabemos escuchar a nuestros viejos? Si dificlmente nos damos tiempo de escucharnos a nosotros mismos, menos daremos oportunidad a que las voces de los viejos nos ayuden a encontrar los caminos, a que su experiencia ilumine nuestras reflexiones y decisiones. Creo que en las entrevistas que hiciste capturaste momentos especiales de un hombre que vio pasar tantos episodios de la vida reciente de Mexico. Otra historia que tenia que ser contada, pero que solo tu supiste entender porque supiste escuchar.

    Recibe todo mi carino.
    Gerardo

  10. Querido Gerry:
    Apensas estoy digiriendo todo esto. Hay que buscar el ángulo preciso para que don Alfonso tenga “una memoria justa”. ¿Se acuerda del texto que me ayudó a traducir, de Paul Ricoeur?
    Abrazo,
    R.

  11. Ojala pueda leer este comentario y me pueda decir algo del sr. alfonso el era mi tio hermano de mi papa lo busque por mucho tiempo me dijeron que se encontraba en el albergue la coruña del edo. de mexico trate de conseguir una direccion pero nunca di con nada de el me duele mucho ojala y me pueda decir algo mas de el el (chef mazale)

  12. Hola regina…sabes mi hermana me dijo k habia visto tu reportaje…y me di a la tarea de buscarlo…ella hacia mucho que buscaba a mi tio…el Alfonso Pastrana era un nomada que no le gustaba estar en ningun lugar estable ..lo conoci poco por su modo de vida…vino a Monterrey una vez pero no quiso quedarse a vivir por el clima creo yo…sabes mi tio era rico en historia de su trabajo…tenia muchas anecdotas…y su inseparable elbum de fotos que a su vez fungia como curriculum vitae…te agradezco mucho el que tu hayas tenido el contacto y que le hagas este reconocimiento..se lo merecia…lastima que no haya mi herman podido encontrarlo antes…por que ella queria hospedarlo en su casa…despues de todo era nuestro tio..te dejo mi agradecimiento y gracias por hacernos recordar a un miembro de nuestra familia y SI ERA UN GRAN CHEF…EL CHEF MAZALE….

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