La guardia de la emperatriz Carlota y el juego de espejos de las memorias

Pues bien, tertulianos, aquí me tienen de regreso. He estado muy chambiadora con las tareas para la clase de historia. Me pusieron a leer un texto muy padre sobre la guardia belga que viajó a México a proteger a Carlota. Como ya viene el 5 de mayo, pues aquí lo comparto.  A ver qué les parece

(Comentario al artículo La expedición belga al Imperio de Maximiliano).[1]

por Regina Santiago Núñez

 

 

 

 

Muchos años después, cuando el barón Alfred Van der Smissen escribía sus memorias, vino a su mente el recuerdo del día en que un indígena mexicano le ofreció algo que parecía ser un cigarrillo. En realidad, el papel envuelto era un mensaje del general francés Osmont. En él se le informaba que recibiría ayuda para evacuar la plaza. El regimiento belga sería escoltado hasta Veracruz para hacer posible su regreso a Europa. Eran los primeros días de diciembre de 1867. En sus memorias, publicadas tres años antes de su muerte, Van der Smissen escribió que al recibir el mensaje pidió al general Osmont se pusiera en contacto con el general republicano Joaquín Martínez. El objetivo era persuadirlo de que  tomara inmediata posesión de Tulancingo y pudiera proteger al pueblo del pillaje que cometerían las numerosas bandas de ladrones que lo circundaban. El comportamiento de la gente durante la ocupación había sido de tal manera ejemplar –recordaba Van der Smissen con tono melancólico- que el pueblo merecía esa consideración.

 

Esa fue la imagen que el antiguo combatiente belga fabricó para la posteridad y que se rescata, junto con muchos otros testimonios de sus compatriotas y algunos de sus contemporáneos mexicanos, en el artículo que vamos a comentar.

 

¿Un texto con observaciones políticamente incorrectas?

La autora del artículo, Angela Moyano, doctora en Historia por la UNAM y académica de la Universidad Autónoma de Querétaro, se ha especializado en el estudio de las relaciones México-EU en el Siglo XIX, particularmente en el período de la invasión. El artículo que nos ocupa se aparta de esa línea pues Moyano aprovecha el acceso que tuvo al archivo y biblioteca del Museo Real de la Armada Belga. Señala que su intención al trabajar la información ahí descubierta fue cubrir un relativo vacío en la historiografía mexicana sobre la expedición belga que viajó a México para proteger a Carlota, esposa de Maximiliano e hija del rey Leopoldo de Bélgica.

 

¿Qué encontró Ángela Moyano en ese museo?  Numerosos diarios, en francés, de oficiales y soldados belgas, así como un sinfín de diarios y memorias en alemán de los soldados austriacos que participaron en la expedición. Algo que me parece importante mencionar es que, como nota al final del artículo, la académica informa a los lectores que “en el acervo de la Biblioteca Bernardo Quintana, de la Universidad Autónoma de Querétaro, se encuentran las fotocopias de 15 diarios y memorias de los oficiales belgas, fotocopiada con el permiso del Centro de documentación del Museo de la Real Armada de Bélgica (en Bruselas), lo mismo que documentos relacionados con la expedición.

 

Creo relevante hacer referencia a este asunto, porque Moyano señala como uno de los objetivos de su trabajo el despertar el interés sobre este tema (la expedición belga a México), para que siguiera investigándose. Para ello proporcionó facilidades para que otros continuaran esa línea de estudio. Como veremos más adelante, algunos de los trabajos publicados con posterioridad ampliaron el campo de lo investigado, refutaron varios de los planteamientos de Moyano… pero sin darle crédito.  

 

Alguien puede o no estar de acuerdo con observaciones específicas o con la perspectiva general de un trabajo; el conocimiento se alimenta de la crítica, que es el combustible que lo pone en movimiento. Pero, ¿qué pasa cuando alguien decide refutar las ideas con las que está en desacuerdo pero evita darle un cuerpo, una identidad al adversario? Se niega la esencia del debate y sucede lo que se puede percibir en el artículo de Laura O’Dogherty Madrazo sobre el mismo tema: queda atrapada en las trampas de su razón única y verdadera. Pero antes de llegar al no-debate entre O’Dogherty y Moyano, echemos un vistazo al trabajo de la académica de la Universidad de Querétaro.

 

El trabajo de las fuentes

Para ubicar su análisis de los documentos en el contexto político, Moyano selecciona algunas notas periodísticas de la época tomadas del libro del historiador belga, Albert Duchesne.[2]

 

La información más relevante en ese sentido es la referencia al conflicto político que generó la decisión del rey Leopoldo I de Bélgica de crear un cuerpo de granaderos y de artilleros para que acompañara a México, en 1864, a su hija, la princesa Carlota. El rey tomó la decisión violando la Constitución del reino de Bélgica, que hacía relativamente poco (1830) había logrado su independencia. Desde entonces la monarquía había adoptado como principio rector el de la neutralidad. La decisión unipersonal del rey provocó fuerte oposición en el Parlamento.  

 

Es una lástima que Moyano no trabajara con mayor detalle esta fuente de información, pues el propio Duchesne ya había publicado un artículo sobre el comportamiento de la prensa durante lo que fue conocido en Europa como El Imperio de Maximiliano.[3] En su análisis, Dúchense ubica el lugar social de algunos de los periódicos belgas, mexicanos y norteamericanos que se ocuparon del tema. Plantea como idea fundamental que en la guerra de opinión pública en Bélgica el tema del Imperio de Maximiliano estaba estrechamente vinculado con el debate sobre lo que debería ser el posicionamiento respecto a la Guerra Civil en EU.

 

Duchesne señala que Matías Romero, representante de Juárez en Washington, se mostró muy activo alimentando a la prensa internacional con argumentos contra lo que consideraba un comportamiento del rey Leopoldo I violatorio de la neutralidad que le mandaba la Constitución de su país. Dice Duchesne al referirse a la estrategia que Matías Romero:

 

Se pone particular énfasis en el peligro de la situación a la que los belgas se dejan arrastrar. ¿Resistiría la neutralidad de su país una tirantez de relaciones entre adversarios y protectores de la República Mexicana? Se insiste en señalar, con una ironía mal disimulada, cómo en este caso la conducta del rey contrasta con la que él mismo había adoptado ante el largo conflicto que ha desgarrado recientemente a los Estados Unidos.

 

Las gestiones hechas en Bruselas en junio de 1863 por Ambrose Dudley Mann, protegido del presidente Davis, para persuadir a Leopoldo I a reconocer a los confederados la calidad de beligerantes, y las del filántropo W. C. Jewet para solicitar su arbitraje habían sido rechazadas por ofensivas. El gobierno belga no conoce más poder legal cuyo asiento está en Washington –agumentan los representantes de Juárez- ¿Hay en México otro poder constitucional que no sea el del presidente Juárez?[4]

 

El imprescindible consejo de Friedrich Katz

Una de las aportaciones importantes del trabajo de Friedrich Katz a la investigación histórica sobre México es poner énfasis en que, a partir del surgimiento de Estados Unidos como potencia internacional, su vecino del sur se convirtió en objetivo geoestratégico y gran teatro de guerra en que intervienen los aliados o adversarios de los grupos políticos, financieros, comerciales y culturales de EU. A Moyano le faltó dar mayor peso a esta consideración para apuntalar su investigación.

 

En cambio, Moyano puso el énfasis en la selección de fragmentos de los testimonios que ayudaran a reconstruir una imagen, lo más completa posible, sobre lo que ella presentaba como la hasta ahora desconocida expedición. La columna vertebral de su relato son las memorias del capitán Dosogne.[5]  Su estructura es cronológica, poniendo énfasis en el relato de los acontecimientos más relevantes.

 

Retoma las descripciones sobre la capacitación de tropas en Bélgica, poniendo énfasis en la poca experiencia militar de los voluntarios, lo que posteriormente fue un asunto decisivo en la poca fortuna de sus intervenciones en combates. Otro aspecto que toca es el de las descripciones de la travesía por mar. En ese punto intercala fragmentos del manual que fue entregado a los miembros de la expedición con consejos de salud para evitar enfermedades en el clima tropical[6]. Los extractos seleccionados resultan chuscos para un lector del siglo XXI.

 

Tacámbaro: testimonios contrastados

 

Un capítulo que me parece especialmente logrado es el que describe la batalla de Tacámbaro, Michoacán. Fue ahí donde, el 6 de abril de 1864, los belgas entraron por primera vez en combate. Sufrieron una gran derrota. Moyano trata este episodio confrontando las diversas versiones encontradas en los diarios de campaña de los oficiales belgas con un relato escrito por Eduardo Ruiz, contemporáneo de los hechos, que luchaba en el ejército republicano cuando llegaron los belgas a Morelia.[7]

 

Hay un episodio de ese capítulo que me parece importante destacar. De los fragmentos de testimonios seleccionados se desprende que, estando los belgas en Tacámbaro, alguien le sugirió al coronel Tygdagt (al mando del regimiento) tomar como rehén a la familia del general Nicolás Régules, uno de los jefes más importantes del ejército republicano, que vivía a las afueras del pueblo. Así se hizo y esto provocó que Régules enfureciera y lanzara una ofensiva para rescatar a su familia. Los belgas no pudieron resistir y sufrieron una importante derrota. Moyano cita el relato del republicano Eduardo Ruiz para asentar que fue la esposa de Régules quien pidió la protección de los belgas. La autora agrega:

 

el general Régules entró en el claustro y según las memorias de Loiseau y de Walton felicitó a Tygadt por su defensa… Los belgas escribieron en sus cartas a Bruselas que sus pérdidas habían consistido en la muerte de siete oficiales y 53 soldados. Al resto de la tropa le fue perdonada la vida porque así lo había ofrecido el general Régules[8].

 

He querido destacar este fragmento porque la historiografía oficial mexicana suele enfatizar una imagen de esta guerra como una situación en que prevaleció el odio al adversario. Los fragmentos de los testimonios de los oficiales belgas y de los combatientes republicanos que seleccionó Moyano muestran algunos matices distintos. Si bien se reseñan los episodios crueles en que tropas belgas y tropas republicanas incendiaban los caseríos, castigando a la población civil, también recoge testimonios de convivencia pacífica entre soldados y pobladores; romances entre los oficiales y las indígenas y muestras de repudio a las crueldades y abusos de la guerra (testimonios de los miembros de la tropa belga, reclamando por la conducta de sus superiores al ordenar la quema de caseríos o el fusilamiento de adversarios).

 

¿Una interpretación políticamente incorrecta?

Moyano termina su relato con algo que podría considerarse como una conclusión políticamente incorrecta.

 

Por Río Frío el regimiento belga se dirigió hacia Puebla en su camino hacia Veracruz, donde se embarcaron el 20 de enero de 1867. Habían estado en México exactamente dos años y un mes. Su participación en la intervención fue, como hemos visto, de poca importancia (en términos militares) Sin embargo, para ellos fue una experiencia inolvidable, quizás por ser la primera vez que salían a combatir al exterior…

 

Sus diarios así lo atestiguan; para la historiografía sobre la época son invaluables, en virtud de los innumerables datos socioeconómicos que registraron y por el cariño que, año con año, testimoniaron a México. Se autonombraron “belgas-mexicanos” y conmemoraron su estancia hasta 1932, fecha de la muerte del último de los combatientes.

 

En el segundo semestre de 2004, Laura O’Dogherty Madrazo publicó un texto que podría considerarse el reverso de la medalla del artículo de Angela Moyano.  Utilizando muchas de las fuentes consultadas por Moyano e incluyendo correspondencia adicional, Madrazo retoma la línea que busca enfatizar los aspectos negativos de la expedición belga y la imagen de derrota absoluta de todos los participantes.

 

Para identificar el sentido que O’Dogherty quiso dar a su artículo no hay más que ver el título: La Guardia de la Emperatriz Carlota: Su trágica aventura en México, 1864-1867. Para O’Dogherty no hay matices; desaparecen los testimonios de cercanía entre la población mexicana y los miembros de la expedición belga. Desaparece también Angela Moyano. O’Dogherty no la toma en cuenta ni siquiera para refutarla. Simplemente la ignora (especialmente la parte del cariño con que los ex combatientes belgas recordaban su experiencia en México). He aquí parte de lo que O’Dogherty presenta como las conclusiones de su trabajo:

 

Los cuerpos de voluntarios belgas y austriacos, organizados como guardia personal de los emperadores, sufrieron una suerte similar a la del imperio al que habían jurado fidelidad. Por un lado, las esperanzas depositadas en la empresa imperial resultaron vanas. En ambos casos, los testimonios mencionan la creciente desilusión de los voluntarios tras desembarcar en tierras mexicanas…

 

No se trataba de ejércitos regulares ni de combates en campo abierto, sino de una guerra desconocida y desconcertante, en la que el enemigo parecía invisible, se confundía con la población, y tan pronto atacaba como desaparecía. Además, en ella los códigos, los uniformes y el respeto a la jerarquía militar parecían carecer de valor.

 

Otro elemento que diferenciaba a los belgas de los austriacos fue la precaria condición jurídica de los primeros… En Bélgica la oposición había obligado al gobierno a no establecer con la corporación de voluntarios compromiso alguno… Si bien, en la medida de su posibilidad, el rey Leopoldo otorgó su protección al cuerpo, con su muerte los voluntarios fueron abandonados a su suerte…

 

La “trágica” historia del Cuerpo de Voluntarios Belgas enriquece el conocimiento sobre el Segundo Imperio, en particular, del entramado de intereses de las potencias europeas en México.

 

Para Moyano, los combatientes belgas que participaron en la expedición a México correspondían al carácter de los personajes literarios creados por el espíritu romántico. En el estilo con que la académica de la Universidad de Querétaro escribe su artículo puede notarse la influencia de ese género. Pensemos en títulos como La Guerra y la Paz de Tolstoi (obra que escribe en 1864 y se imprime en 1869) y Paz en la Guerra, de Miguel de Unamuno (1897). En ambas obras, del género romántico, se privilegia la dualidad y se buscan los matices, como en el texto de Moyano. No nos consta que Moyano haya leído ni a Tolstoi ni a Unamuno, pero sí que es lectora de Rudyard Kipling[9], a quien cita para tratar de explicar la visión del mundo que pudieron tener los combatientes belgas:

 

Era la época del sentimiento europeo, de “la carga del hombre blanco”, como bien expresó el poeta inglés Rudyard Kipling, o sea de la responsabilidad de Europa hacia las que consideraba naciones “menos favorecidas” a las que había que enseñar cómo vivir.[10]

 

En contraste, los combatientes de O’Dogherthy son, en términos absolutos, unos perdedores; inútiles para la guerra (por la mala capacitación que recibieron); e inútiles para la paz (porque se convirtieron en el símbolo de una derrota vergonzante para los poderes que se establecieron tras la muerte de Leopoldo I).  

 

¿Cuál de las dos perspectivas es la correcta? Ambas, aunque los enfoques sean completamente opuestos. ¿Cómo puede ser esto posible?  Porque lo que Moyano y O’Dogherthy analizan no es un reflejo exacto de la realidad, sino los testimonios que se plasman en textos; discursos construidos con el propósito de crear una imagen de los acontecimientos pasados; de las vivencias; de las experiencias; de los aprendizajes; de las desilusiones; de las traiciones; de todo lo que rodea la guerra.

 

Entre los combatientes que escribieron sus memorias hay algunos oficiales que desertaron para pasarse al bando republicano, explica Albert Duchesne en su análisis de la prensa y los testimonios de la época[11]. Hay también oficiales como Van der Smissen, quien, al parecer regresó a Bélgica para seguir una exitosa carrera militar con puestos importantes y condecoraciones[12].

 

Cabe la posibilidad que el indígena que el general Van der Smissen menciona en sus memorias nunca haya existido. También es posible que el oficial belga nunca haya pedido a los franceses que se comunicaran con el oficial republicano para que acelerara su arribo a Tulancingo y protegiera a la población. De lo que no hay duda es que Van der Smissen describió esas escenas en la construcción discursiva que utilizó el escribir su testimonio dirigido a la posteridad. Así quería él que se recordara su estancia en México. Es por eso que quise iniciar este comentario con una paráfrasis de Cien Años de Soledad.

Ciudad de México, abril, 2008.

 

 


[1] Ángela Moyano. La expedición belga al Imperio de Maximiliano. Universidad Autónoma de Querétaro. (Por el momento está pendiente la referencia al año y el medio en que se publicó el artículo comentado).

[2] Albert Duchesne, L’expedition des volontaires belges au Mexique 1864-1867, 1a parte, Bruselas, Musée Royal Del l’Armée, 1968.

[3] Albert Dúchense, Comentarios de la Prensa Internacional sobre la Expedición belga a México. Publicado en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 5, 1976, p. 93-108. Dirección electrónica: http://iih.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc05/046.html

 

[4] Op.cit. (sin página por ser versión electrónica).

[5] Eugène N. Dosogne, Histoire de l’expedition belge au Mexique, Termonde, Schepper-phillips.

[6] Mantegazza, Medié Sula meridional, traducido como Code d’hygiene du Corps Belge mexicain, Bruselas, s.c.e. 1864.

[7] Eduardo Ruiz, Historia de la Guerra de Intervención en Michoacán, Morelia, Balsal Editores, 1986 (sobre un testimonio publicado en 1892).

[8] Angela Moyano, op.cit. pag 73

[9] Kipling perdió un hijo que combatió en la I Guerra Mundial. En el año 1917, y con la muerte de su hijo todavía en la cabeza, se une a la “War Graves Commission”, que se encargaba de tramitar la llegada de cadáveres de los combatientes, de enterrarlos con todos los honores respectivos y de mantener las tumbas en el tiempo. Citado en wikipedia.

 

[10] Angela Moyano, op.cit. pag 68

[11] Albert Duchesne, Comentarios…(versión electrónica sin páginas)

[12] Señalo al parecer porque la información está tomada de un sitio de internet http://www.austro-hungarian-army.co.uk/mexican/vdsmissen.htm

Anuncios

18 Replies to “La guardia de la emperatriz Carlota y el juego de espejos de las memorias”

  1. Esta interesante referencia me recuerda a la leyenda de “La Doncella de Monterrey”, en ingles, “The Monterey Maiden.” En esta anecdota se relata como un soldado americano balaceado en la toma de esta ciudad es auxiliado por una senorita que trata de curarle las heridas con trozos de su finisimo chal.

    La historia tuvo dos efectos, el de humanizar al enemigo, o sea los mexicanos, y el de reafirmar que la poblacion en el fondo tenia afinidad por los “heroes de la democracia” En el relato la historia, las sociedades tienen la tendencia de solo resaltar los hechos, y las interpretaciones que mas se ajustan a versiones nacionalistas. De este modo los libros de texto exaltan las valiosas cronicas de Bernal Diaz del Castillo, cuando este se refiere al esplendor de Mexico-Tenochtitlan, pero se ignora sus comentarios racistas, xenofobicos, y antirelogiosos del culto indigena.

    Tambien se ignora los comentarios favorables sobre el caracter de Dona Marina. A final de cuentas se tiende a vender la idea que todo ciudadano durante cualquier ocupacion extranjera, era un martir capaz de matarse con tal de defender los ideales nacionales.

  2. Estaba escribiendo un comentario y se me borro. Puf! Bueno, tertualinos, estoy de vuelta y prometo ser mas habitual en mis contribuciones al espacio anticavernicola. Se me vienen de momento muchas cosas a la cabeza. Empiezo por el comentario de Xavier. Me gustaria saber mas del relato “The Monterrey Maiden”, pero tanto ese relato como la historia de los belgas en Mexico me recuerdna a la ya muy novelada y comentada historia de los San Patricios.

    Habiendo vivido en Mexico y en Belgica, entiendo algunos de los planteamientos hechos en materia de las contradicciones que sufrian los propios soldados belgas, viendose obligados a entrar en accion en un pais absolutamente desconocido para ellos, y del que terminan enamorandose. Y eso me lleva a otra reflexion: no todos los belgas se fueron. Algunos se quedaron, fundaron sus propias dinastias. Yo recuerdo haber tenido por companeros, en primaria y secundaria, a algunos de sus tataranietos, chavos con apellidos como Van der Mersch, Maes, Bove, Lambert, DeWinter. Algunos austriacos y franceses se quedaron tambien, pero creo que fue mayor el numero de belgas que se quedaron. Pero no tengo manera de probarlo historiograficamente.

    El otro motivo de reflexion es Carlota. En nuestro pais machista y atavico, seguimos teniendo trepidaciones para escribir la historia de mujeres que marcaron la historia nacional, desde la Malinche hasta (horror!) la Profesora. Exagero, pero desde luego tengo que incluir a la Malinche, a Carlota, a Sor Juana, a Antonieta Rivas Mercado y a dona Josefa Ortiz de Dominguez en un reparto de mujeres que, mexicanas o no, han jugado un papel especial en la historia de Mexico. Y si quieren hasta incluimos a la Guadalupana aunque yo creo que ella, como la Llorona, son arquetipos sin existencia real.

    Sera que llevo tres capuchinos seguidos, pero seria rico aventarnos un libro colectivo contando la historia de estas mujeres locas, terribles, seductoras e independientes.

    Salud!

  3. Da la impresion como que la melodia existia previamente, y la letra se fue adaptando conforme a las situaciones, leyendas o lugares donde se interpretaba. Me recuerda la historia de Waltzing Matilda, una cancion que comenzo como tonada de los jornaleros en Australia, y luego termino siendo usada para recordar a los muertos australianos durante la batalla de Gallipoli en la Primera Guerra Mundial, y ahora es el himno “extraoficial” de Australia. Curioso.

  4. Buscando en internet sobre los Belgas me encontre con este sitio web, y dejame decirte Regina que no me gusto tu comentario acerca del artículo de la Doctora Angela Moyano, lo criticas demasiado y nombras otros autores (..Como veremos más adelante, algunos de los trabajos publicados con posterioridad ampliaron el campo de lo investigado, refutaron varios de los planteamientos de Moyano… pero sin darle crédito.) que han trabajado el tema sin embargo estoy segura que solo encontraste el de Laura O’Dogherty Madrazo, y dejame decirte que fuera de esos trabajos y que son articulos de revista en mexico a diferencia de Belgica no hay obras acerca del tema.

    Angela Moyano fue invitada por el rector de la UAQ a investigar en los archivos de Belgica sobre el tema, y si bien no es su linea de trabajo fue elegida por que sabe Frances e Ingles. Laura Madrazo tambien fue a Belgica a investigar sobre el tema pero pudo estar más tiempo en contacto con las fuentes y con conocimiento de la lengua Alemana asi que antes de dar un discurso de este tipo informate mas por favor para no generar disgustos en las personas que conocen los trabajos de estas historiadoras.

    No tomes mi crítica a mal solo es la reacción de una estudiante de Licenciatura en Historia que conoce sobre el tema,
    y para el compañero Gerardo si quieres seguirle la pista a los Belgas empeiza por la tierra caliente en Michoacan …
    Mi tesis es acerca de los Belgas en Michoacan por si quieres algo de informacion !

  5. Estimada erandi:
    Desde luego que no te tomo a mal lo que escribiste. Al contrario! Bienvenido el diálogo. Te agradezco que nos des más información sobre la “genealogía” de estos estudios, porque en internet no hay nada al respecto.
    Te explico un poco el marco del comentario. Se trata de un trabajo para mi clase de Historia Social de México, en la maestría en Historia de la Universidad Iberoamericana. El objetivo ahí es evaluar la forma en que se trabajan las fuentes. Es por eso que hay que encontrar “los prietitos en el arroz”. Pero he de comentarte que en el debate en clase, yo comencé mi argumentación señalando que el artículo de Angela fue el texto del que más aprendí (recordemos que las enseñanzas no sólo se adquieren de lo “perfecto”, sino de lo perfectible.
    Uno de los aspectos que más valoré fue la pasión por la historia que se nota en Angela. Otra cosa que agradezco es su estupenda narrativa.

    Le reclamo a O’Dogherty que no haya citado el trabajo de Angela. Me parece que eso no se vale. Es elemental incluir un estado de la cuestión, y ahí hay que reconocer lo que otros han hecho antes, para no hacer pensar a la gente que estamos “inventando el agua hirviendo”. Creo que tenemos que ser más respetuosos del trabajo de los demás.

    Creo que también debo aclarar que mi referencia a que quizás algunas de las observaciones de Angela resultaron “políticamente incorrectas” es en tono de reconocimiento, no de crítica. En lo personal, considero importante que los historiadores ya no repitamos el discurso de una historia maniquea que se dedicaba a crear “héroes” y “villanos”. Es muy valioso en el trabajo de Angela que rescate el testimonio de un republicano que vivió los hechos. Ahora, estimada erandi, si tienes más datos de cómo recuerda la gente en Michoacán la presencia de los belgas, pues ojalá los pudieras compartir con nosotros aquí en La Tertulia. Cual es la memoria por allá? Hay un buen recuerdo? Se les odia? Qué se puede decir de la convivencia que tuvieron con la gente?
    Bueno, Angela no se podrá quejar. Su intención era despertar el interés… y por lo menos en mi clase de historia y en este espacio, lo ha logrado (y aquí sí la citamos con su nombre, jeje)

    Recibe un saludo cordial
    Por cierto, sabes en qué revista se publicó el artículo de Angela? Porque lamentablemente se ha perdido la referencia. Si nos la puedes dar, pues te lo agradeceremos.

  6. Estimada Regina,

    Gracias por aclarar el sentido de tu critica respecto al tema de la guardia de la Emperatriz Carlota, ahora me queda clara la intención de tu critica, y una disculpa de ante mano si sono algo fuerte !

    Yo soy estudiante tambíen de historia, y precisamente me encuentro haciendo mi tesis sobre la guadia de la emperatriz carlota en Michoacán, y es por eso que conozco un poco sobre las fuentes que han tratado este tema. La referencia acreca del articulo de Angela se encuentra en la revista de la Universidad Autonoma de Queretaro. (Moyano, Ángela. «La expedición belga al Imperio de Maximiliano.» Historias 49 Mayo-Agosto (2001) Querétaro, p: 67-80.) En Michoacán lo que más se ha trabajado es el canje de prisioneros Belgas, Franceses por Republicanos en Acuitzio del Canje. En este lugar se celebra cada 5 de Diciembre este acontecimiento, por lo que me permito decir que por lo que se percibe no existe ningun rencor hacia ellos. Hoy en dia existen en Michoacan varios descendientes de los Belgas sobre todo en la Tierra Caliente.

    Por otro lado me da gusto que el interes acerca de este tema se este despertando, en lo personal este tema se ha vuelto mi nueva pasión y por el momento aunque aunque nohe concluido mi investigacion de tesis encuentro trabajando en ello y por su puesto que me ecantaria compartir mi investigación! así que por aquí nos veremos pronto.

  7. Hola Erandi:

    Creo que tienes entre tus manos un gran tema. Por lo menos, en clase nos generó muchas inquietudes y, como te digo, disfrutamos mucho la narrativa de Angela, aunque hicimos algunas observaciones.

    Lo que yo más rescataría es esa pasión que debe mostrar el historiador ante un descubrimiento; el asombro y el respeto por fuentes nuevas. Eso se transmite muy bien en su artículo… y lo transmites tú también muy bien en tu comentario. Creo que está latente, pidiendo que alguien le haga caso e investigue -como bien dice Gerardo- esa historia de muchas familias que se formaron a raíz de la presencia de los belgas en México. Ya sé que la historia oral suele tomarse más como una práctica de los antropólogos, pero quizás podrías explorar por ahí.

    Yo tuve la suerte que don Andrés Henestroa, escritor y político oaxaqueño –que murió en enero pasado, a los 101 años- me convenciera de contar la historia de mi familia, que es del Istmo de Tehuantepec. Publiqué el libro en 2005, incluyendo algunas entrevistas (con la técnica periodística, porque todavía no decidía estudiar la maestría en historia). De las experiencias más valiosas que he tenido ha sido la de presentar el libro en los pueblos del Istmo. Los habitantes de Juchitán, del Ingenio de Santo Domingo, se apropiaron del relato, lo hicieron suyo… porque en el fondo, cuenta cosas que les pertenecen; que escucharon de sus hermanos, de sus padres, de sus abuelos, así como yo… sólo que yo tuve la suerte de que don Andrés me convenciera de poner en blanco y negro esas historias. Comparto contigo esa experiencia, Erandi, porque cada región tiene historias “ocultas”, “dormidas”, esperando que alguien las cuente…

    Y bueno, para hacer mi reporte sobre la lectura de los belgas en México, revisé internet y me encontré un artículo interesante que quizás ya conozcas. Albert Dúchense, Comentarios de la Prensa Internacional sobre la Expedición belga a México. Publicado en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 5, 1976, p. 93-108. Dirección electrónica: http://iih.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc05/046.html

    Creo que es importante que los lectores mexicanos tengamos algunas referencias sobre el ambiente político en que se da el envío de soldados. Hay algunos datos que a mí me sorprendieron. Yo no me hubiera imaginado este asunto de que los Confederados estaban tratando de “grillar” al rey Leopoldo, ni la importancia que concedían los allegados de Juárez la manejo de prensa, que es parte de lo que cuenta Dúchense en este artículo.

    En fin, mucha suerte con tu investigación… y no nos olvides.

    Recibe un saludo afectuoso.

  8. Hola!!

    Cómo les va?? No soy historiador ni nada por el estilo, pero me metí por curiosidad a internet a buscar alguna información sobre el canje de prisioneros de Acuitzio y me encontré con esta página, quiero felicitarles por sus comentarios y trabajo, muy interesantes!!

    un saludo y epero saber de ustedes pronto!

  9. Soy desendiente directo de dos familias belgas,que se fincaron en Mexico despues del colapso del Imperio.
    El subteniente de la guardia de la Emperatriz ; Conde Renné de jaminé, casado con Felicitas de Lebrum y que radico en San Juan del Rio.
    Baron Adolfo Beaurang, casado con Florence Bourlon.
    Cecilia de Jaminé caso con Victor Beaurang(consul de Belgica en Mexico) en Mexico.
    Ambas familias se fincaron en Mexico y han tenido descendencia y fijuraron como personajes de la sociedad Porfiriana y como miembros de la colonia francesa del siglo
    XIX.
    Este es un ejemplo de la inmigracion Belga,que se quedo a radicar en Mexico y no regreso,ya sea por que en Europa estallo la guerra Franco-Prusa del 70 y otros por haberse enamorado de esta tierra.

  10. hola regina….. nombre es alfonso garibay herrera… entre a esta pagina por casualidad, tratando de buscar … ya se que parece imposible pero quisiera saber si existen los nombres de los soldados belgas que lucharon en michoacan.. la razon de mi busqueda es por que desiendo de alguno de ellos….. de apellido Garibay .. y me gustaria saber mas acerca de mi desendencia… gracias y esta genial el blog

  11. Estimada Erandi,

    Leí tu comentario y he visto que hiciste tu tésis sobre la legion belga. Estoy muy interesado en el tema porque mi tatarabuelo estuvo como voluntario ahí. De nombre Heliodoro Du Pond. Te agradecería enormemente cualquier información al respecto.

    du_pond@hotmail.com

    Gracias

  12. MA CONSOLACION BARREIRO 29 octubre 2011

    Muy interesante todo lo que he encontrado aqui sobre los guardias belgas de Carlota.Toda esta informacion nos ayuda a entender la realidad de como esta integrado el pueblo de Mexico , y creo que todos los que han venido a este pais , ya sea por situaciones militares, exilio, inclusive invasiones sucumbieron al encanto de esta tierra y realmente quedaron atrapados por voluntad propia.
    Gracias por este blog

  13. Muchas gracias, María. Y gracias a todos los que están participando con sus comentarios. Ojalá los datos les sean útiles para reconstruir este episodio importante en la historia de nuestros países.
    Saludos

  14. Seria posible conseguir una lista de los soldados belgas.? Mi bisabuelo fue uno de ellos, se enamoro y caso en México donde murió. Estoy interesada en el tema. Este trabajo me ha parecido uno de los mas completos y fascinantes de todos los leído hasta ahora. Gracias de antemano por su respuesta.

  15. Ya veo qeu no soy la unica interesada en la descendencia, mi tatarabuelo en Alphonsus Benedictus vanden Bussche, se caso con Mexicana hija de Frances de apellido Pichon. Alguien tendra un dato? es fascianante la historia.

  16. Sólo unos pocos, muy pocos, quieren a Carlota y a Maximiliano antes de su llegada a México. Después, la lealtad de los escasos adeptos se fue desvaneciendo como vapor que emerge de una olla hirviendo, que es como se encontraba la situación política de la segunda mitad del siglo XIX en este país llamado México. Tres años tardaron los mexicanos en cambiarles el título de emperadores por el de “traidores”; nadie les ofreció un soplo de apoyo, un hombro, un refugio. Abandonados a su destino, Maximiliano murió “fusilado” (asesinado) allí mismo, a miles de kilómetros de la Austria natal que acogió su niñez y juventud, y a la joven Carlota no le arrebataron la vida, pero tampoco impidieron que esa misma vida se convirtiera.
    .
    Las adversidades atrapan a Carlota en sucesión demasiado poderosa incluso para un carácter tenaz como el suyo: se estrena con los celos de sus cuñados, los emperadores Francisco José y Sisí, que le hacen deambular de aquí para allá con tal de mantenerla lejos y más tarde, cuando vienen mal dadas, le niegan el retorno a casa. Luego viene el dorado exilio en “la jaula de oro” que es Miramar; la ambición de Napoleón III, que con mentirosas promesas de apoyo la envía a México; el azote cruel del abandono, el rechazo de aquellos a quienes creía amigos… Todo ello revienta el equilibrio de Carlota, la sume en el despego y la enajenación, su cabeza vuela entre ideas extravagantes y morbosas alucinaciones paranoides. Son los acontecimientos trágicos (y no la lectoescritura compulsiva ni el veneno de “toloache”) los que inyectan una infermedad que se prolonga durante sesenta y dos años. En el transcurso de este periodo transtornado ella piensa, siente y quiere, aunque lo hace de forma anormal y delirante, alimentando en propios y extraños el escándalo y el temor. Antes de adentrarse en la enajenación mental, Carlota se defiende, lucha con todas sus fuerzas para preservar su personalidad, igual que combate por su vida el pez fuera del agua.
    .
    La que primero fue princesa, luego archiduquesa y por último Emperatriz, había sido extraordinariamente culta, brillante y emprendedora, pero agotados sus recursos personales y su energía en la adversidad, se refugia en una locura irreversible. De vez en cuando, entre brote y botre estrafalario, deja entreveer lo único que nunca la abandonó del todo: su dulzura e inteligencia. Por su cuñada Henriette, esposa de su hermano Leopoldo II y principal encargada de cuidarla durante su enfermedad, escribe a su antigua intitutriz en los siguientes términos: “No se puede usted figurar, querida condesa, toda la ternura que esta desdichada viuda es capaz de ofrecer”.
    .
    Y quizá por ello también su pequeña sobrina, la princesa Stephanie, confiesa en su diario: “Hoy me han obligado a visitar a tía Carlota. No me ha dado miedo”.
    .
    .
    P. S.- ¿Cuando dejarán ustedes los mexicamos de “marear la pedíz” con “referencias”, “reflexiones” y “zarandajas” y empezarán a contar “su verdadera Historia? Lo de “La Guardia Belga” resulta ser un bodrio, sin transcendencia alguna, que aburre hasta a las vacas.
    .
    Saludos.
    Xabier de Murga

  17. Ufa! creo que tenemos que hacer el club de los descendientes de la legion Belga. Mi tatarabuelo fue uno de ellos. Estoy actualmente en Belgica buscando mi raiz. Estoy buscando la lista de los soldados belgas que se quedaron en Mexico cerca de Tulancingo. Ayuda!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s